Arjuna derrota a los Kurus

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“Al día siguiente, mientras Virata y sus soldados todavía estaban en combate contra los Trigartas, los Kuravas invadieron el reino de Matsya cruzando las fronteras del norte con irrisoria facilidad y se apoderaron de las pocas guarniciones localizadas en esa zona.

Cuando los pastores llegaron, sin aliento, en la corte solo se encontraba el príncipe Uttara, el hijo más joven de Virata. Todos los hombres hábiles se habían ido al sur con el Rey. Los pastores se estaban quejando con Uttara.

‘No se preocupen, pastores’, dijo el joven. ‘A pesar de mi corta edad sabré recuperar los objetos robados y nuestros rebaños y castigaré a los ladrones. No se preocupen, partiré de inmediato.’

‘Príncipe’, replicaron los pastores bastante preocupados, ‘lo que usted dice que hará parece ser un plan imposible de ejecutarse. Nosotros no le hemos dicho que en las filas enemigas vimos a Karna, a Duryodhana, e incluso a Bhishma y a Drona. Sería un gran ataque; no bastaría con sólo enviar tropas. ¿Que podrá hacer por sí solo, sin el auxilio de sus soldados?’

‘Sé quiénes están entre las filas de nuestros adversarios, pero ni Karna ni Duryodhana me asustan. Solo esperen a vernos pelear.’

La bravuconería infantil de Uttara hizo sonreír a Draupadi desde el corazón, quien pensó en la forma de proteger la vida del joven. La oportunidad se la dio el mismo príncipe, cuando se lamentó de no poder ir, sin embargo, porque le faltaba un auriga válido.

Draupadi dijo:

‘Si no cuenta con un cochero, considere a Brihannala. Él sabrá conducir su carro muy bien.’

‘Pero Brihannala es un eunuco’, el príncipe se rió en voz alta y con fuerza y luego continuó diciendo en un tono severo. ‘¿Cómo podría participar en una batalla? Cuando el campo se convierta en un infierno, va a terminar muerto de miedo y huirá, dejándome solo en el campo de batalla.

‘Usted está equivocado’, le dijo Draupadi. ‘Sé que, en el pasado, durante un acto de guerra, Brihannala condujo el carruaje de Arjuna, por lo que debe ser muy experto. Le aseguro que le va a ser de gran ayuda.’

Uttara, quien hubiera preferido que el juego terminara allí, no tuvo más remedio que aceptar.

Al cabo de varias horas, este se encontraba viajando hacia el norte.

 

Cuando llegaron cerca de la frontera, avistaron el ejército de los Kurus, el cual se asemejaba a un mar embravecido.

En ese momento Uttara empezó a sudar. Delante de él había decenas de miles de expertos guerreros y soldados despiadados, dirigidos por héroes célebres en sus obras, como los hijos de Dhritarastra, Bhishma, Drona, Karna, Kripa y muchos otros. Pensando en esos luchadores, de quienes había oído hablar desde que era un niño y que hasta ese momento había imaginado más como figuras legendarias que como gente real, se sintió invadido por un enloquecido terror, de modo que el pelo se le puso de punta. Al darse cuenta de que sus intenciones eran solamente la intimidación de un joven, sintió cercana la muerte.

‘Brihannala’, balbuceó aterrado, ‘gira el carruaje, vamos a regresar inmediatamente.’

Arjuna se volvió y lo miró sonriendo.

‘¿Que dé marcha atrás? Pero apenas los hemos alcanzado. Hay que recuperar los rebaños. ¿Por qué quieres escapar?’

‘¡Volvamos, te lo ordeno!’ gritó. ‘¿Acaso no sabes quiénes están ahí y que pretenden derrotarnos? Son Bhishma, Drona y otros. ¿Como puedes imaginarte que un joven como yo que ni siquiera he terminado mi período de estudios, pueda hacer frente a esos guerreros a quienes ni los Devas sabrían cómo enfrentar? Volvamos inmediatamente.’

Pero Arjuna se negó a huir y trató de convencerlo para seguir adelante. Al colmo del terror, Uttara saltó del carruaje y empezó a correr en la dirección opuesta. El Pandava lo persiguió y lo inmovilizó, hablándole con palabras colmadas de sabiduría.

 

Mientras tanto, los Kurus, desde la distancia, parecían disfrutar de la inusual escena del joven que huyó precipitadamente y del eunuco que lo perseguía. Pero mientras todo el mundo se reía, el inteligente Bhishma parecía no reírse.

‘Aquel eunuco se parece a Arjuna, le dijo en un tono preocupado a Drona, y si esto es cierto, tendremos que prepararnos para un duro encuentro.’

Puesto al tanto de las preocupaciones de los ancianos, Duryodhana, con su corazón regocijado, pensó que había alcanzado su objetivo.

‘Si ese es Arjuna, entonces hemos tenido éxito. El decimotercer año no ha transcurrido por completo y ahora él y sus hermanos volverán a la selva durante otros trece años. Y, en cualquiera de los casos, ¿por qué preocuparse? Está solo y ellos son muchos. O, ¿pensará que puede derrotar a un ejército entero sin ayuda?’

Los ancianos no respondieron, mas, por la expresión en la cara de Drona y de su hijo Asvatthama era evidente que estaban preocupados. Duryodhana estaba confundido. No entendía el motivo por el cual esos guerreros invencibles temían tanto a aquel solitario adversario.

Mientras tanto, Arjuna fue capaz de convencer a Uttara para que no se rindiera.

‘En pocas palabras, ¿qué quieres que yo haga?’, se quejó Uttara mientras caminaban hacia el carruaje. ‘Yo, que soy un poco más que un joven. ¿Cómo quieres que luche solo con el Kurava?’

‘No temas’, le dijo Arjuna, ‘si no luchas, lo haré por ti. Tú solo conduce el carruaje, el resto lo haré yo.’

El príncipe lo miró horrorizado.  

‘Mira hacia allá’, le dijo Arjuna. ‘En aquel árbol Shami, hace tiempo, los héroes Pandavas escondieron en la parte superior todas sus armas de origen celestial. Ve por ellas. Con ellas no podremos perder.’

Llevado por la fuerza hacia el árbol, Uttara sacó el grueso paquete, y cuando lo abrió tuvo que cubrirse los ojos para protegerse de la luz.

‘Estas son las armas de los Pandavas’, dijo Arjuna, ‘y este arco es el Gandiva. Todas estas armas han sido donadas por los Devas. Son para quien haya adquirido una fuerza incomparable.’

El gran héroe, después de haberse inclinado sobre la tierra para ofrecer sus respetos, agarró el Gandiva y se levantó e hizo vibrar la cuerda con una fuerza impresionante. Esto provocó un trueno tan fuerte que sacudió a los soldados Kuravas. Ningún Kshatriya en el mundo ignoraba aquel sonido inconfundible.

‘¡Es Arjuna! ¡Es Arjuna!’, exclamaron todos en gran agitación. ‘¡Ya vienen los Pandavas! ¡Que los Devas nos protejan!’

Un pánico abrumador se extendió entre los soldados. Esto enfureció a Duryodhana.

‘Este terror que ha tomado el control de nuestras tropas ha sido por tu culpa’, le dijo a Bhishma en un tono seco. ‘¿Cuál es el motivo de difundir este miedo irracional? Ante todo, deberías estar contento porque el sonido pertenece a la Gandiva, lo cual significa que Arjuna ha sido descubierto. Pero aún si él deseara luchar contra nosotros, ¿por qué razón deberíamos de preocuparnos? Tenemos un poderoso ejército dirigido por el general más fuerte en el mundo, por lo que no hay que temer ni siquiera a los Devas encabezados por Indra. Esta inquietud no tiene razón de ser.’

Bhishma, quien era un maestro de la astrología, desmintió secamente al nieto.

‘Te equivocas de nuevo, Duryodhana. Te puedo asegurar que el decimotercer año terminó en el momento exacto cuando Arjuna ha vibrado Gandiva, y en cuanto a la batalla contra él, pronto se verá por qué estoy tan alarmado.’

Mientras tanto, Arjuna estaba preocupado por el príncipe, quien en aquel momento había comenzado a sentirse muy confundido, pues Arjuna le había revelado su identidad, la de los hermanos y la de su esposa. Entonces lo puso a la conducción del carro de guerra instándolo a que fuera en contra del Kurava.

Mientras el carruaje se acercaba levantando grandes nubes de polvo, los peores presagios aparecieron en el cielo por encima del Kurava: señales que profetizaban la derrota. Todo aquel espectáculo puso en guardia a Duryodhana.

Fue entonces cuando Karna explotó en furia.

‘¡Basta ya de esta glorificación irracional a ese hombre que piensa que puede hacer algo en contra de nosotros! Si tú le tienes miedo, hazte a un lado y ve a ocultarte, que yo voy a darle la victoria a nuestro Rey.’

Ofendido por esas palabras, Kripa y otros reaccionaron verbalmente. Asvatthama, sintiendo que habían insultado a su padre estaba a punto de arremeter contra el hijo de Surya con una rabia asesina, pero Duryodhana fue capaz de calmar las cosas y comenzó a organizar las defensas, esperando a toparse con el famoso hijo de Indra. El carruaje estaba todavía a casi dos kilómetros de distancia, cuando tres flechas cayeron a los pies de Bhishma, Drona y Kripa. Esta fue la señal de saludo y respeto. Ante aquel gesto los tres venerables acharyas sonrieron y bendijeron a Arjuna.

 

Fue una gran batalla.

El incontenible Pandava derrotó uno por uno a todo maharatha en el campo de batalla, llegando casi a perderse a seis de los más grandes, Kripa, Asvatthama, Karna, Bhishma, Drona y Duryodhana. De cada uno tomó un trofeo de la victoria. Golpeados por millares, los soldados Kuravas se retiraron desordenadamente más allá de los confines. Ese día era literalmente imposible luchar contra Arjuna, que parecía la muerte hecha hombre.”

 

 

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