Nṛsiṁha-chaturdaśī, advenimiento del Señor Nṛsiṁhadeva

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Hiraṇyākṣa fue muerto por la encarnación del Señor Viṣṇu conocida como Varāhadeva. Por consiguiente, su hermano Hiraṇyakaśipu, el rey de los demonios, se propuso convertirse en el emperador de todo el universo para vengar su muerte. A causa de su gran poder, él ejecutó muchas austeridades, sus penitencias fueron tan severas que perturbaron a los semidioses. De hecho, los semidioses pidieron al Señor Brahmā que lo detuviese. Entonces el jefe de los semidioses, el Señor Brahmā, descendió para pacificarlo concediéndole una bendición de su elección. “Por favor, concédeme que nunca sea muerto por ninguna entidad viviente” –pidió Hiraṇyakaśipu, “que yo no muera ni dentro ni fuera de ninguna residencia, ni de día ni de noche, ni en la tierra ni en el cielo; que yo no sea muerto por ninguna creación tuya, ni por arma alguna, ni por hombre o animal alguno. Que yo no conozca la muerte por ninguna entidad viviente, sea móvil o inmóvil. Que yo no tenga rival; que yo sea el único dominador por sobre todas las entidades y deidades superintendentes, y que yo adquiera todos los poderes místicos”.

Después de que Brahmā le concediera todos esos pedidos, Hiraṇyakaśipu conquistó muy rápidamente todos los planetas del universo y tomó por residencia el palacio del Señor Indra, el rey de los semidioses, forzando a todos a inclinarse ante sus pies. Hiraṇyakaśipu gobernó el universo muy duramente. Durante esta época, su reina Kayādhu, le dio un hijo llamado Prahlāda. Él era el receptáculo de todas las cualidades trascendentales pues era un devoto puro del Señor Viṣṇu. Determinado a entender a la Verdad Absoluta, él tenía completo control de todos sus sentidos y mente, él era muy bondadoso con todas las entidades vivientes y el mejor amigo de todos. Hiraṇyakaśipu lo puso en su regazo y afectuosamente le pidió, “mi querido hijo, por favor dime, ¿cuál es tu tema favorito en la escuela?”. Sin miedo, Prahlāda dijo, “Oír (_śravaṇaṁ_) y cantar (_kīrtanaṁ_) los santos nombres, formas, cualidades, parafernalia, y pasatiempos del Señor Supremo; acordándose (smaraṇaṁ) de ellos; sirviendo los pies de loto del Señor (pāda-sevanaṁ); ofreciendo al Señor respetuosas reverencias y adoración en sus dieciséis tipos de parafernalia (arcanaṁ); ofreciendo oraciones al Señor (vandanaṁ); tornándose Su siervo (dāsyam); considerando al Señor como el mejor amigo (sakhyaṁ); y rindiéndose a Él (ātma-nivedanam), en otras palabras, sirviéndolo con su cuerpo, mente y palabras. Estos nueve procesos son conocidos como servicio devocional puro, y yo considero a cualquiera que se haya dedicado al servicio del Señor Viṣṇu a través de estos nueve métodos, como la persona más erudita por haber adquirido conocimiento completo”. Ciego de odio, Hiraṇyakaśipu lanzó a Prahlāda de su regazo al suelo. “¡Siervos! ¡Llévenselo de aquí y mátenlo!”.
Intentaron matarlo de diversas maneras pero a pesar de todo Prahlāda estaba siempre absorto en pensar en Viṣṇu, y así, él permaneció sano y salvo. Hiraṇyakaśipu se intranquilizó mucho pensando en cuál sería su próximo plan. “Tú dices que hay un ser superior a mí” – dijo Hiraṇyakaśipu- “¿pero dónde está Él? Si Él está presente en todas partes, ¿entonces por qué no está presente en esta columna frente a ti? ¿Tú crees que Él está en esta columna?”. “Sí”, –respondió Prahlāda. La ira de Hiraṇyakaśipu crecía más y más. “Por decir cosas sin sentido, cortaré la cabeza de tu cuerpo. Ahora déjame ver a tu más adorable Señor protegiéndote ¡Quiero verlo!”.

Maldiciéndolo cada vez más, Hiraṇyakaśipu tomó su espada, se levantó de su trono y con gran furia golpeó primero en medio de la columna. Entonces, del medio del pilar que él acababa de golpear apareció una maravillosa forma mitad hombre, mitad león, nunca vista antes, Narasiṁhadeva. La forma del Señor era extremadamente bella a causa de Sus ojos furiosos, los cuales se asemejaban a oro fundido; Su melena brillante, la cual expandía la refulgencia de Su temerosa cara; Sus dientes fatales; y Su lengua afilada como una navaja. El Señor Narasiṁha entonces batalló con Hiraṇyakaśipu. Finalmente, lo capturó y lo colocó en Su regazo, en la puerta de entrada a su palacio y lo cortó en pedazos con algunas de Sus muchas manos y poderosas uñas. La boca del Señor Narasiṁha y Su melena se regaron con gotas de sangre, y Sus feroces ojos, llenos de furia, eran imposibles de mirar. Lamiendo el borde de Su boca con la lengua, el Supremo Señor, se adornó a Sí mismo con una guirnalda hecha con los intestinos de Hiraṇyakaśipu. El Señor Narasiṁha le arrancó el corazón y finalmente destruyó al ejército compuesto por sus seguidores. Śrīmad-Bhāgavatam, Canto 7.

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