Más allá del vegetarianismo

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Purushatraya Swami

Abstenerse de alimentos de origen animal es muy positivo pero, ¿será apenas una moda?

El movimiento Hare Krishna siempre ha estado a la vanguardia del vegetarianismo. Los devotos tienen una gran parte del mérito en la expansión del vegetarianismo en el mundo. En Brasil, los pioneros del vegetarianismo fueron básicamente los adventistas, los macrobióticos y el movimiento Hare Krishna. Los adventistas alcanzaron su punto máximo con la marca Superbom, pero la misma se vendió a un grupo poderoso no comprometido directamente con la dieta vegetariana.

Muchos adventistas no son estrictos en su dieta vegetariana, y por eso perdieron fuerza. La macrobiótica sólo fue una moda, como tantas otras. Es más adecuada para el que vive en Japón, y hoy en día casi no se habla de ella. El vegetarianismo es una marga registrada de la cultura védica de la India milenaria. Los devotos de Krishna siempre se involucran en la campaña permanente de librar a la gente del consumo de carne y minimizar la violencia en el mundo. Su fuerza radica en la fe que tienen en el prasada.

El prasada y el vegetarianismo nunca van separados. La cuestión que debemos analizar es: ¿estamos aprovechando bien el hecho de haber adoptado una dieta karma-free? ¿Estamos perfeccionando nuestro vegetarianismo? ¿Nuestro vegetarianismo estará contribuyendo realmente a nuestra salud? ¿O sólo forma parte de la doctrina religiosa, como un ritual o un tabú? ¿Estamos realmente dando un ejemplo de lo mejor que puede presentar el vegetarianismo? ¿O nuestro vegetarianismo apenas se reduce a evitar comer carne, pescado y huevo?

Congreso vegetariano mundial

En el año 2004, participé del 36º Congreso vegetariano mundial, en Florianópolis, que se realizaba por primera vez en Brasil. Uno de los temas más debatidos fue la cuestión de los transgénicos, y algunos quisieron adoptar posturas políticas para tratar el asunto.

Hoy en día, la moda más fuerte del vegetarianismo es la postura “vegan” o “vegana”, que rechaza cualquier producto de origen animal, como la leche, derivados lácteos, miel, etc. Algunos vegans se vanaglorian a si mismos, pues consideran que están en un nivel de vegetarianismo superior que los que son lacto-vegetarianos. Pero por otra parte, otras corrientes aparecen en el escenario e insinúan que “tienen la última palabra en cuanto a alimentación”.

En el congreso hubo dos grupos que fueron las “vedettes”: los crudívoros, liderados por un rastafari jamaicano, y el grupo de los alimentos vivos o, como se hacen llamar, biochips. El jamaicano decía: “La persona que come arroz cocido y la persona que come barbacoa están en el mismo nivel. La alimentación tiene que ser totalmente cruda”. La gente estaba muy impresionada. Sus presentaciones eran verdaderas representaciones y atraían a mucha gente.

 

En cuanto a la gente de los alimentos vivos, que se alimentan principalmente de granos germinados, eran todos muy delgados y se veían entusiasmados con su alimentación. En cuanto a nosotros, “los Hares”, continuamos firmes en nuestra propuesta lacto-vegetariana, que consideramos mucho más realista. Sin embargo, tenemos que aprender a usar esta dieta correctamente para poder disfrutar de todos los beneficios que ofrece la dieta vegetariana.

Principios védicos de la alimentación

En la conferencia que di en el congreso, hablé sobre “Los principios védicos de la alimentación”. Primero abordé una enseñanza del tercer capítulo del Bhagvad-gita en el que Krishna dice que, si no reconocemos las dádivas que recibimos de los semidioses, e indirectamente de Él, y usamos esas cosas para nuestro disfrute sensual, desarrollaremos la misma mentalidad que la de un ladrón.

Agradecer a Dios por el alimento que consumimos es una señal de gratitud o, al menos, de buena educación. Cuando recibimos un favor, un simple “muchas gracias” armoniza el ambiente y todos se ponen felices. Se ayudamos a una persona y no nos muestra ninguna señal de gratitud, nos quedaremos con la duda de si la debemos ayudar en una próxima ocasión, pues no sabremos si la ayuda fue bien recibida o no.

En el Bhagavad-gita se explica que, cuando la persona no sólo agradece, si no que ofrece algo de si misma a Dios, Él, presente en el corazón de cada entidad viva, nos reciprocará. La verdad es que necesitamos mucho más de Él que Él de nosotros.

 

La alimentación es una actividad que tenemos en común con el reino animal. Cuando tenemos hambre, “atacamos” la comida, nos situamos al mismo nivel de conciencia que cualquier animal hambriento. Si en el momento en el que nuestra conciencia descienda de nivel debido a los impulsos corporales la elevamos a Dios, entonces enalteceremos nuestra condición humana y frenaremos el control de la naturaleza inferior sobre nosotros, fortaleceremos nuestra estructura moral y estrecharemos nuestra conexión con Dios.

La persona que cultiva un contacto directo con la Naturaleza, siempre está consciente que el alimento que se ingiere es el resultado del milagro de la vida: creció de una pequeña semilla, se nutrió con elementos minerales y orgánicos del suelo (que, a su vez, son subproductos de otras entidades vivas), captó el prana del éter y la energía del Sol, y dependió completamente de la lluvia providencial o de un riego generoso. De esta forma, podemos apreciar todo el proceso sistémico que armoniza los numerosos ciclos de vida que interactúan entre si. La persona que tiene este contacto con la Naturaleza y tiene una visión holística, puede apreciar esas maravillas y, naturalmente, elevar su conciencia a Dios agradeciendo las dádivas recibidas.

Vida artificial

Por otro lado, la vida urbana impone un ritmo y una concepción de vida completamente artificial, y bloquea la percepción holística. La persona se disocia literalmente de la Naturaleza. Sin el contacto directo con la tierra, se deja de apreciar los milagros que proporciona la Naturaleza.

 

El gran argumento de la vida urbana es su practicidad. Todo resulta muy fácil. Sólo tienes que ir al supermercado 24 horas, llenar tu carrito de la compra y pagar el precio. En casa, la nevera conserva los productos durante algunos días. De la nevera van a la olla a presión o al microondas. Todo muy simple, práctico y automático. El vegetariano urbano muchas veces acaba involucrándose en esa cultura de supermercado. Por lo tanto, es fundamental expandir nuestra conciencia e ir más allá del vegetarianismo que se basa en una motivación pura y simplemente corpórea.

Vegetarianismo y conciencia de Dios

El vegetarianismo, por su carácter sattva-guna, es totalmente compatible con la conciencia de Dios. Sin embargo, he observado que muchas personas agnósticas y ateas también han adoptado el vegetarianismo. Muchos perdieron la motivación en la fe religiosa y canalizan su tendencia devocional en la dieta. Convierten el proceso de alimentarse, con sus consecuencias y minucias, en la meta principal de su vida. Muchas veces se vuelven fanáticos, similares a algunos grupos religiosos dogmáticos y sectarios. Esto también ocurre con otras actividades consideradas como humanistas, tales como la ecología, la política (en el buen sentido), el trabajo social, etc. Una actividad que se caracteriza por ser secular se reviste con un aura que sugiere un toque de sectarismo religioso.

Aunque sean actividades piadosas, no deben considerarse en el mismo nivel que la espiritualidad. Cuando hablamos de “espiritualidad” nos referimos a la noción de espiritualidad sana, donde el foco primordial es la conexión amorosa con la Trascendencia, sin motivaciones materialistas y egoístas.

¿Quién cocina? En la alimentación también es importante la vibración que envuelve la comida. El valor nutricional no es lo único importante, también lo es su lado más sutil, su vibración. A la hora de cocinar, la conciencia debe estar lo más elevada posible. Debe haber un ambiente positivo, porque las impresiones sutiles de la mente de la persona que cocina impregnan el alimento.

Una vez escuché, en la India, una historia verídica acerca de un renunciante muy anciano e iluminado. Todos los días, al final de la tarde, su sirviente traía un vaso de leche de las vacas del goshala (corral) del vecindario. Un día, una persona muy mundana y materialista se encontraba presente mientras el sirviente iba a buscar la leche, y para sentirse generoso, insistió en pagar por el vaso de leche del hombre santo. De esa forma, el materialista sintió que había hecho una gran caridad al haber donado algunas monedas. Sin embargo, cuando el sadhu sorbió el primer trago de leche, sintió que había algo extraño y desagradable en esa leche, diferente de la vibración sattva-guna habitual de su leche diaria. El sirviente le contó que una persona había pagado por ella, y el renunciante rechazó aquella leche. Aunque no la hubiera tocado, la vibración pesada del materialista había impregnado la leche y afectó la armonía, pureza y amor que caracterizaba aquella actividad cotidiana. Este es un ejemplo de sensibilidad extrema, pero podemos entender la forma en que la vibración sutil del éter puede afectar el alimento.

Si esto es así, imagínense cómo es el alimento cuando es manoseado y preparado por personas de un nivel bajo moral y espiritual. Es realmente importante saber quién cocina y con qué conciencia se cocina el alimento.

Bhakti-yoga en la cocina

De la misma manera que un alimento puede contaminarse con vibraciones nocivas, también puede ser elevado por una vibración pura. Cuando cocinamos con la intención de realizar una ofrenda a Dios, el alimento se espiritualiza. Esta intención es muy importante, porque si vamos a ofrecer el alimento que estamos preparando a Dios, lo debemos hacer con todos los criterios de limpieza y pureza de nuestra conciencia. Debemos evitar anticiparnos al disfrute sensorial que tendremos al comer. Nuestros sentidos deben permanecer tranquilos, sin agitarse, evitando comentarios como “Qué bien huele…”, o meter el dedo en la olla para probar lo que estamos cocinando. Ofrecer la comida requiere un pequeño momento de reflexión e incluso un pequeño ritual con algún mantra, momento en el que la conciencia se eleva a Dios en un acto de amor y devoción. Después de eso, podemos satisfacer nuestro apetito, necesidades corporales y disfrutar de las delicias del sabor. El alimento que se ofrece así a Dios se llama “prasada”, que en sánscrito significa “satisfacción” o “misericordia”.

 

Imagine que invitamos a comer a nuestra casa a una persona importante y querida, y cuando llega le decimos: “Yo ya he comido, come tú solo”. Esa no es la etiqueta adecuada. De la misma forma, cuando ofrecemos el alimento a Dios, evitamos anticiparnos al disfrute sensorial. Se disfruta mucho cuando el alimento se ha vuelto prasada. Ese es el “secreto” importante en el proceso de bhakti-yoga, o el yoga de la conciencia.

En la práctica del yoga clásico, el control de los sentidos se llama pratyahara, que significa controlar los sentidos de forma tan fuerte que uno no queda a merced de los estímulos externos. Se dice que de todos los sentidos, la lengua es el más voraz. Sin el debido control, la persona puede convertirse en víctima del descontrol compulsivo de la lengua. Hay un dicho que dice: “Por la boca muere el pez”. Eso también se aplica a muchos humanos.

Enfermedades entre los vegetarianos

En diversas páginas web de noticias de ISKCON, uno de los temas que aparece frecuentemente es la noticia de enfermedades y defunciones de devotos, principalmente discípulos de Srila Prabhupada. “Sridhara Maharaj abandona el cuerpo”, “Gangamayi Devi Dasi abandona…”, “Pargos Prabhu tiene cáncer”, “Mula Prakriti Devi Dasi abandona el cuerpo”, “Fallece Bhava-bhuti Prabhu”, “Shyama Devi Dasi…”, son algunas noticias que se divulgaron recientemente. Todos esos devotos abandonaron este mundo de forma prematura, porque no tenían edad avanzada.

Lo bueno de esta historia es que estos devotos, y muchos otros más, se están yendo de este mundo de forma pacífica y con un nivel alto de conciencia de Krishna. Podemos ver que el proceso de la conciencia de Krishna, tal como lo instruyó nuestro amado fundador-acharya Srila Prabhupada, está funcionando. Él mismo, en su papel de acharya, demostró personalmente cómo salir de este mundo con lucidez, desapego, dignificad y pleno amor por Krishna.

 

La causa más frecuente de enfermedades fatales entre los devotos es el cáncer. Problemas en el tracto intestinal, hígado y corazón, así como diabetes y obesidad, son igualmente comunes. Eso lleva a preguntarnos: ¿Cuál es la causa de esas enfermedades, si el estilo de vida de los devotos es, supuestamente, el más saludable? Aunque no disponga de ningún dato concreto, me arriesgo a afirmar que, en la mayoría de los casos, la causa de la enfermedad fue una alimentación inadecuada. Pero, ¿cómo? Alguien podría argumentar que estas personas comieron toneladas de maha-prasada durante sus vidas. Pero aunque se trate de un alimento santificado, si no tenemos un criterio rígido de lo que ingerimos, inevitablemente tendremos problemas con el cuerpo.

Concepto ayurvédico de enfermedad

Uno de los peligros más grandes en la alimentación es el uso constante de alimentos industrializados. La salsa de tomate, la leche condensada, el azúcar refinado, la sal refinada, quesos, patatas fritas, margarina, grasas hidrogenadas, etc. También muchas frituras, mucho ghi, muchos dulces. Todo eso genera residuos llamados ama, según la nomenclatura ayurvédica. Esos residuos se pudren en el interior del cuerpo y contaminan todo el organismo, pues la energía sutil circula por todo el cuerpo. Durante su recorrido por el cuerpo, cuando esa energía contaminada encuentre un bloqueo en un órgano debilitado, aparecerá un foco de enfermedad. De esa forma, una indigestión puede provocar, por ejemplo, un tumor en el cerebro.

Comer más de lo necesario, u over-eatin, es uno de los enemigos más imbatibles de la salud. Generalmente, después de una comida copiosa, el organismo reacciona e incluso se experimenta arrepentimiento, pero ya es demasiado tarde: no se puede volver atrás. Ahora sólo queda esperar las consecuencias.

 

Por lo tanto, siempre tenemos que estar conscientes y alertas para no caer en el cebo del disfrute sin restricción de la lengua. La persona que desarrolla autocontrol puede preservar mucho más su salud. Toda la alimentación se debe realizar en la hora adecuada y sin ansiedad. Muchos engullen la comida sin masticar, pero si nos dejamos dominar por la gula y el placer de la lengua, nuestra salud se verá totalmente comprometida.

Existen muchos planes de salud, pero todos son básicamente “planes de enfermedad”. El verdadero “plan de salud” debe ser nuestra alimentación.

Cultura védica

El asunto de la leche es un asunto bien delicado. La dieta vegan, entre otras, la rechaza terminantemente. La leche, para ellos, sólo puede ser de origen vegetal. Sin embargo, los devotos aprecian mucho la leche de vaca.

Para empezar, Krishna es el vaquerito trascendental. Durante su primera infancia, Krishna se llama makhana-chora, “el ladronzuelo de mantequilla”; en las Escrituras, la leche se llama “religión líquida”; el ghi es el elemento indispensable para realizar el ritual de sacrificio de fuego, agni-hotra; la vaquita kamadhenu puede suministrar cantidades ilimitadas de leche; el elixir de la inmortalidad,soma-rasa, surgió cuando se batió el océano de leche. En la cultura védica hay muchas historias relacionadas con la leche.

 

Además, se dice que un vaso de leche caliente antes de dormir produce un efecto que no produce ningún otro alimento: alimenta las células del área cerebral que se encargan de los asuntos espirituales. En la cultura védica, la vaca y el buey son los animales más cercanos a la sociedad humana. La convivencia entre esos animales y el hombre es completamente natural y armoniosa. Sin embargo, nuestra sociedad moderna ha cedido el lugar a la raza canina, que representa una expansión del ego de las personas.

La madre vaca

La leche es una dádiva especial de una de nuestras madres, la vaca. Ese es el status de la vaca en la cultura védica. Así como la madre biológica da de mamar al bebé con leche materna, de la misma forma, la vaca alimenta a la sociedad humana con su leche. Algunos opositores del consumo de leche, dicen que sacarle leche a la vaca es un acto deshumano, que la leche pertenece al ternero y de esta forma no queda casi nada para él. Esto ciertamente puede que ocurra con personas muy codiciosas y materialistas, y se debe rechazar.

Una vez leí que, en las granjas productoras de leche en Estados Unidos, las vacas que no producían más de treinta litros diarios se mandaban al matadero, pues eran inviables económicamente debido al costo alto de las raciones, las hormonas y los medicamentos que tenían que recibir. También se que las vacas lecheras de mejor calidad se usan para la reproducción. En cuanto el feto empieza a desarrollarse en su vientre, es retirado a través de una cesárea y se introduce en el vientre de otras vacas de raza inferior que la madre original. De esa forma, el tiempo del embarazo de la vaca reproductora disminuye, y ella, en vez de parir una cría por año, produce diez. Puede que estos procedimientos aumente el lucro del productor, pero es el summum de la ganancia, maldad e insensibilidad.

La verdad es que una vaca produce mucha más leche que la que consume un ternero. Si dejamos que el ternero se beba toda la leche que produce su madre, va a sufrir diarrea. Por otro lado, si no extraemos toda la leche de las ubres de la vaca, ésta sufrirá y tendrá problemas en las tetas. De esa forma, el consumo de leche por la sociedad humana es algo completamente natural. En cuanto al buey, se lo debe ocupar en actividades que exijan fuerza, como la tracción y el arado. Hoy en día, con la mecanización de las actividades rurales, el buey ha perdido su función y su lugar lo ha ocupado el tractor. Por eso sólo le queda irse al matadero.

 

Durante la maternidad, la vaca produce y libera leche debido al amor maternal. Se trata indiscutiblemente de un acto de amor. Quien trata con esos animales en el corral, sabe que cada vaca tiene su propia personalidad y su temperamento particular. Esos animales, a pesar de ser enormes, son muy sensibles y se relacionan perfectamente con los seres humanos. Ya he presenciado cosas impresionantes: por ejemplo, en una granja del Movimiento Hare Krishna, vi una vaca que, durante ocho años, suministraba leche sin haber tenido crías. Ella vivía tan feliz que nunca paraba de producir leche, y de esa forma podía satisfacer a mucha gente.

Terapia de la vaca

Un argumento concluyente que diferencia la clase bovina de otros animales es el hecho de que su excremento, en vez de ser asqueroso y repugnante como el de todos los animales, incluido los humanos, se puede manosear e incluso se dice que posee propiedades antisépticas. En las zonas rurales de India, es común esparcir el estiércol del ganado por el suelo y las paredes. Otra práctica común es amasar el estiércoles y formar unas “tortas” planas, secarlas al Sol y untarlas con material combustible para usarlas en la cocina. Se dice que producen la mejor llama para cocinar.

En India se conocen muy bien las propiedades terapéuticas de los derivados lácteos. Tanto la leche como sus derivados, y el estiércol y la orina de la vaca, tienen efectos terapéuticos poderosos. Las vacas blancas de Vrindavana, un tipo de raza nerole, dan poco leche y, además, aguada. Pero el ghi que sale de esa leche tiene un valor terapéutico tremendo. Cuanto más viejo sea el ghi, mejor y más activo. Se puede enterrar durante diez años o más, y así, su poder terapéutico será más activo todavía.

 

Uno de los argumento  contra la leche es que produce mocos. Por eso no debe tomarse fría y, si está caliente, tomarla en pequeñas cantidades. Para neutralizar la tendencia a producir mocos, se le debe añadir tumeric o cúrcuma en polvo. En algunos lugares se lo conoce como azafrán. El uso de la leche debe ser muy moderado. Es un alimento fuerte, y si se usa en exceso provocará disturbios en el organismo. El consumo excesivo de queso provoca los mismos daños al organismo que la carne. He sido testigo de lacto-vegetarianos que promueven verdaderas orgías de quesos. Puede que sea un festín para la lengua, pero fuerza mucho el aparato digestivo y produce ama, residuos no digeridos que se pudren en el organismo.

Leche industrializado

Algo en lo que estamos cien por ciento de acuerdo con los vegans es que la leche industrializada es de pésima calidad. En primer lugar, la leche industrializada, como todos los alimentos industrializados, posee conservantes químicos que deben evitarse lo máximo posible. En segundo lugar, para que la producción de las vacas se aumente, éstas son tratadas con productos químicos (hormonas, medicamentos contra gusanos y garrapatas, y otros productos de la industria veterinaria) y con raciones que contienen productos muy dudosos para la salud de los animales. El mayor escándalo que presenció el mundo recientemente, fue la epidemia de las “vacas locas”, causada por las raciones que se rellenaban con sangre y huesos de animales sacrificados. La naturaleza se rebeló contra estos abusos.

Un vaquero de una granja cercana a la nuestra, en Paraty (Brasil), le dijo a un devoto que admiró a sus animales: “Me da pena la gente que se comerá la carne de estos animales, pues les inyectamos veneno tres veces por semana para las garrapatas y los gusanos, y porque así el cuero queda más suave y vale más”.

Además del aspecto físico, también hay repercusiones más sutiles. La leche industrializada es un subproducto de la matanza de animales. Esto ocurre porque las cooperativas de leche pagan un valor muy bajo al productor para poder vender la leche a un precio compatible con el consumidor final. Nadie sobrevive comercialmente sólo con leche. Entonces, ¿de dónde sale el lucro? De dos terneros macho que se engordan y, posteriormente, se envían al matadero. De esa forma, la leche industrializada carga con ese karma.

De hecho, muchos alimentos actuales están contaminados. El azúcar refinado se blanquea con productos hechos con huesos de animales. Otro peligro vital se la grasa hidrogenada, responsable de numerosos infartos. La legislación contempla normas para regular las cuotas de venenos que se usan en la agricultura, pero ¿quién nos asegura que eso se respeta y cuál es el órgano del gobierno que lo controla?

Personalmente conocí a un productor de tomate que dijo que su producción se pulverizaba con veneno por lo menos sesenta veces. El miedo que tenía de perder la producción debido a alguna plaga era tan grande que incluso aplicaba la última pulverización minutos antes de la cosecha. Pocas horas después, sus tomates, muy grandes y bonitos, se encontraban en las estanterías de los supermercados. La ensalada hecha con esos tomates estaba sazonada con aceite de oliva, agrotóxicos y pesticidas. Y la cosa se pone peor…

Muchas verduras, principalmente en los países del “primer mundo”, ya tienen incorporados genes de animales para aumentar de tamaño y tener una apariencia más “saludable”. Hay otras experiencias todavía más siniestras: ¡células cancerígenas humanas, que poseen la propiedad de desarrollarse de forma asustadora, se incorporan a las verduras para aumentar su tamaño! A este paso, las acaloradas discusiones sobre los transgénicos y sus futuros efectos ya han caducado. No queremos sonar alarmistas, pero tenemos que estar muy conscientes para no comprometer nuestros principios y mantener cierto padrón de pureza, esencial para mantener la salud.

Muchos devotos defienden una postura más relajada en cuanto a la alimentación basándose en lo que dijo Srila Prabhuada en diferentes ocasiones. Sin embargo, tenemos que entender que esas afirmaciones se hicieron hace más de treinta años, época en la que la industria alimenticia y los hábitos de alimentación eran muy diferentes a los de hoy en día. Además, muchas cosas que afirmaba Srila Prabhupada se basaban en lo que ocurría en India, y no en la realidad de Occidente. Por lo tanto, debemos considerar ese asunto basándonos en nuestra propia experiencia presente y en la capacidad de nuestro sentido común.

Srila Prabhupada previó la degradación de la calidad de vida en los grandes núcleos urbanos y propuso establecer comunidades rurales. Su idea fue que las granjas de devotos produjeran alimentos puros para las comunidades urbanas de devotos. Es necesario que los devotos tomen conciencia sobre este hecho y apoyen estas iniciativas con energía. Los devotos con formación profesional o vocación nata para la agricultura deben canalizar sus talentos para enriqueces la misión de Srila Prabhupada.

 

Muchos devotos no consideran las actividades rurales del Movimiento Hare Krishna como algo importante, si no de segunda o tercera clase. Pero, ¿qué guerra se gana sin una buena logística? No podemos caer en la contradicción de la gallina de los huevos de oro, que concentra el interés en el agujero de donde salen los huevos e ignora la parte de encima que tiene que ser alimentada.

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