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[ Isvara Periodico ES ] - Srila Ramanujacarya - Capítulo 5
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 Srila Ramanujacarya - Capítulo 5
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caitanya
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Enviado - 26/06/2009 :  18:57:18  Mostrar perfil  Visitar la web de caitanya  Click para ver la dirección MSN de caitanya  Responder con Cita
Hisotiras de grandes santos - Tras decir esto, entró en la cocina. Sin embargo, no había ni un grano de arroz en la despensa. Eran tan pobres que no tenían nada en la casa. Con gran ansiedad, Laksmi comenzó a pensar en cómo podría servir adecuadamente a su guru.

Capítulo Cinco

Viajando y predicando
Ramanuja estudió tres veces el Sahasra-giti con sus discípulos. Al final de la tercera lectura, surgió en su corazón un deseo de ver la sagrada capilla de Sri Saila. Así pues, pocos días más tarde partió de Sri Rañgam acompañado por sus discípulos, cantando todos juntos el santo nombre del Señor Hari.

Al final del primer día del viaje, pernoctaron en el pueblo de Dehali. Al día siguiente, caminaron hasta la ciudad de Asta-sahasra. Aquí vivían dos de los discípulos de Ramanuja, Yajñesa y Varadacarya. Con la intención de pasar la noche en la casa de Yajñesa, quien era un rico comerciante, Yatiraja hizo que dos de sus seguidores se adelantasen para anunciar su inminente llegada.

Cuando supo esto, Yajñesa se sintió muy complacido e inmediatamente comenzó a disponer todos los preparativos necesarios para recibir al grupo de peregrinos. Sin embargo, estaba tan absorto en todas esas actividades que negligió completamente a los dos cansados emisarios, a quienes dejó solos sin ofrecerles siquiera un vaso de agua. Apesadumbrados por este recibimiento, regresaron ante Ramanujacarya y le informaron todo lo que había sucedido.

Muy disgustado al escuchar cómo su discípulo no había mostrado el debido respeto a los visitantes vaisnavas, decidió ir a la casa del otro discípulo, Varadacarya. El era extremadamente pobre, pero era conocido por la pureza de su corazón y por su devoción por el Señor Visnu. Cada mañana salía a mendigar, y al regresar al atardecer, presentaba todo lo había recibido como una ofrenda al Señor. Así pasaba su vida, en compañía de Laksml, su casta esposa, que era extremadamente bella.

El dilema de Laksmi
Cuando Ramanuja y su grupo llegaron a la casa, Varadacarya estaba todavía fuera mendigando, y fueron recibidos con gran respeto por Laksmi. Ofreciendo reverencias a los pies de loto de su guru, dijo: “Mi esposo aún está fuera, mendigando. Por favor sentaos aquí, y sed misericordiosos conmigo permitiéndome lavar vuestros pies con esta agua. Muy cerca de aquí hay un lago donde podéis bañaros, y mientras tanto, yo prepararé la ofrenda para el Señor Narayana”.

Tras decir esto, entró en la cocina. Sin embargo, no había ni un grano de arroz en la despensa. Eran tan pobres que no tenían nada en la casa. Con gran ansiedad, Laksmi comenzó a pensar en cómo podría servir adecuadamente a su guru.

En aquella misma ciudad vivía un rico negociante que estaba atraído por la belleza de Laksmi. El había intentado seducirla muchas veces a través de mensajeros femeninos, ofreciéndole dinero y joyas, pero ella nunca le había dirigido ni una palabra a ese sinvergüenza. Ahora sin embargo, ella comenzó a considerar que esta sería la única forma en que ella y su esposo podrían prestar un servicio apropiado a su maestro espiritual. Finalmente, llegó a la conclusión de que, puesto que el servicio al guru trasciende todos los demás principios, se entregaría a aquel hombre, con el fin de obtener todo lo necesario para servir a sus invitados.

Por consiguiente, salió por la parte de atrás de su casa y corrió rápidamente hacia la casa del comerciante, que no estaba lejos de allí. Cuando llegó ante él, dijo: “Esta tarde cumpliré tus deseos. Mi guru y muchos de sus discípulos han venido a mi casa como invitados. Sin demora, envía a nuestra casa todas las cosas necesarias para recibirles apropiadamente”.

El comerciante estaba sorprendido al escuchar esto, pues ya se había resignado al hecho de que esta casta mujer nunca sería deslumbrada por las cosas que le había ofrecido. Extremadamente complacido ante este inesperado giro de los acontecimientos, hizo rápidamente todos los arreglos necesarios para que los alimentos más suntuosos fuesen enviados a la casa se su vecino.

Rápidamente, Laksmidevi se dedicó a preparar ofrendas para Visnu con las diferentes cosas que habían sido traídas para ella. Cuando todo estuvo preparado y la ofrenda hecha, invitó a Ramanuja y a sus discípulos a que se sentasen y tomasen prasada. Todos estaban sorprendidos al encontrar aquellos suntuosos alimentos en la casa de un hombre tan pobre, y comieron con gran satisfacción, alabando la excelente hospitalidad de la mujer.

La potencia del maha-prasada
Al regresar a su hogar, Varadacarya estaba lleno de júbilo al ver a su guru en su propia casa. Sin embargo, cuando se enteró del extraordinario prasada que se les había ofrecido, quedó asombrado, porque sabía muy bien la condición indigente en la cual vivía. Cuando le preguntó a su esposa cómo se las había arreglado para servir a sus invitados de una forma tan excelente, Laksmidevi inclinó su cabeza avergonzada y le contó todos los arreglos que había hecho con el comerciante.

Sin embargo, lejos de enfadarse, Varadacarya comenzó a danzar alegremente cuando supo lo que había sucedido, y gritó: “¡Oh, cuan afortunado soy!” Y dirigiéndose a su esposa dijo, “hoy has mostrado el grado de castidad más elevado. Nárayana, representado por Sri Guru, es el único purusa, y así pues, Él es el disfrutador de prakrti. Sólo una gran alma puede comprender este conocimiento del servicio devocional. Cuan afortunado soy de estar casado con una mujer que es la personificación de los principios religiosos”.

Llevando consigo a su esposa, Varadacarya fue ante Yatiraja y le explicó a su guru todo lo que había sucedido. Por orden de Ramanuja, se sentaron y tomaron prasada en su presencia. Cuando terminaron de comer, les dijo que fuesen juntos a la casa del comerciante y le ofreciesen los remanentes del prasada.

Cuando llegaron a la gran mansión, Varadacarya esperó fuera, mientras Laksmideví era conducida a las habitaciones del mercader. Ella inmediatamente le ofreció el prasada que había traído, el cual él aceptó con gran placer. El prasada no es una comida ordinaria, y especialmente los remanentes dejados por los devotos puros poseen una gran potencia espiritual. Este prasada comenzó a surtir efecto en el mercader y muy pronto, cuando terminó de comer, era un hombre diferente.

Todos los deseos sensuales habían sido erradicados de su corazón, y miró a Laksmidevi como si fuese su propia madre, diciéndole con lágrimas en los ojos, “¡Cuan pecador soy! Mi destino hubiera sido el mismo que el de aquel cazador que fue reducido a cenizas cuando intentó tocar a la casta Damayanti. Gracias a tu gran compasión, he sido salvado. Oh madre, por favor perdona todas mis ofensas y sé misericordiosa conmigo, mostrándome los pies de tu guru”.

Laksmidevi y Varadacarya regresaron felizmente a su casa, acompañados del comerciante. En presencia de Ramanujacarya, los tres se postraron en el suelo, ofreciéndole sus reverencias. Cuando Yatiraja puso su mano sobre el mercader, todas las miserias de aquel hombre fueron eliminadas, y pidió ser iniciado por aquella gran alma.

Deseoso de facilitar la vida de la fiel pareja brahmana, Ramanuja les pidió que aceptasen la gran cantidad de dinero que el mercader había ofrecido. A esto, Varadacarya, con las manos juntas, le dijo a su maestro espiritual: “Oh maestro, por su misericordia recibimos todo lo que necesitamos. El dinero es la raíz de toda maldad, pues distrae los sentidos y aparta la mente del servicio al Señor Supremo. Por favor, no me ordene convertirme en un hombre rico”.

Ramanuja estaba muy complacido al escuchar estas palabras, y abrazó a aquel devoto de corazón puro, diciendo, “hoy me he purificado gracias a la asociación de una gran alma como tú, desprovista de todo tipo de deseos materiales”.

El arrepentimiento de Yajñesa

En aquel momento, Yajñesa, el adinerado discípulo de Yatiraja, entró en la casa y cayó a los pies de su guru. Tras esperar ansiosamente la llegada de Ramanuja, finalmente se enteró que el grupo de peregrinos, en lugar de dirigirse a su casa, había ido a la casa del pobre brahmana Varadacarya. Pensando que quizás había cometido alguna grave ofensa, disgustando a su guru, fue hasta allí con el corazón afligido.

Amable y afectuosamente, Yatiraja levantó a Yajñesa y le dijo: “¿Estás infeliz debido al hecho de que no he ido a tu casa? La razón de ello fue la ofensa que cometiste al negligir a estos dos grandes vaisnavas. No hay dharma más elevado que prestar servicio a los vaisnavas, y tú has fallado en este aspecto”.

Humillado por el castigo de su maestro espiritual, Yajñesa respondió, con la voz entrecortada por el llanto: “Este comportamiento irresponsable no fue debido a la vanidad causada por la riqueza. Más bien fui tan negligente debido a mi ansiedad y mi deseo de servirlo”. Entonces Ramanuja consoló a este arrepentido devoto de corazón sencillo, prometiéndole que sería su invitado cuando regresase de Sri Saila.

La llegada de Sri Saila
Al amanecer del día siguiente, Ramanujacarya y su grupo abandonaron Asta-sahasra y partieron hacia la ciudad de Kañcipuram. A medio día llegaron a la ciudad, y fueron inmediatamente a ofrecerle sus reverencias al Señor Varadaraja. Allí se encontraron con Sri Káñcipurna, el famoso santo vaisnava, y pasaron tres felices días en su compañía. Después viajaron al lugar sagrado conocido como Kapila Tirtha, y el mismo día llegaron al pie de la colina sagrada conocida como Sri Saila.

Allí Yatiraja se llenó de éxtasis pensando, “Éste es el lugar sagrado donde reside Sri Hari, en compañía de Su consorte, Laksmi. Sería una gran ofensa que tocase con mis pies la morada sagrada del Señor, así que me quedaré aquí, a los pies de la montaña”. Por lo tanto, permaneció allí, al pie de Sri Saila, en compañía de sus seguidores, ofreciendo constantes oraciones al Señor Nárayana.

Mientras tanto, todos los sadhus y devotos que vivían en Sri Saila vinieron a ver a Ramanuja. Cuando escucharon que había tomado la decisión de no subir a la montaña por temor a cometer alguna ofensa, todos ellos le presentaron una petición: “Oh tú, el más puro, si grandes almas como tú rehusan caminar sobre la sagrada montaña de Sri Saila, entonces todas la personas comunes actuarán de la misma manera, e incluso los sacerdotes estarán temerosos de ir hasta el templo. Por lo tanto, por favor cambia tu decisión, y accede a subir a la montaña. Los corazones de los devotos puros son los verdaderos templos del Señor Hari, porque Él siempre está presente allí donde se manifiesta la devoción pura. Los lugares de peregrinaje se vuelven incluso más santificados, debido al hecho de que son visitados por los grandes devotos”.

El encuentro con Sailapurna
Aceptando las súplicas de aquellos santos, Yatiraja rectificó su decisión y comenzó a subir a la montaña seguido de todos sus discípulos. El ascenso es largo y empinado y después de un rato, Ramanuja se sintió fatigado debido al hambre y a la sed. Mientras descansaban a un lado del camino, el tío de Ramanuja, el acarya vaisnava Sn Sailapurna, apareció allí, trayendo maha-prasada y caranamrta del templo que estaba en la cima de la montaña. Al ver a este santo devoto llevando a cabo tal servicio para él, Ramanuja se perturbó un poco, y dijo: “¿Por qué te comportas de esta forma? ¿Por qué un acarya erudito como tú ha de tomarse tales molestias por una persona tan baja como yo? Seguro que este servicio podría haberlo hecho algún muchacho”.

“Yo también pensé lo mismo”, respondió Sailapurna, “pero después de buscar a alguien apropiado, no pude encontrar a nadie menos respetable que yo. Por eso he venido personalmente a ti”. Ramanuja estaba muy satisfecho al escuchar esta respuesta de su tío, pues pudo comprender que la humildad es una de las cualidades más esenciales del vaisnava. Así pues ofreció reverencias a los pies de Sri Sailapurna, y felizmente honró el prasada junto con sus discípulos. Aliviados de su fatiga, el grupo continuó su camino subiendo la colina, hasta que llegaron al famoso templo de Veñkatesvara.

Tras circunvalar el templo, Ramanuja fue ante la Deidad para ofrecerle oraciones y reverencias. Al ver la belleza del Señor, su corazón se llenó de éxtasis devocional, y lágrimas descendieron por sus mejillas. Rápidamente, los síntomas del amor por Dios le sobrecogieron, y perdió su conciencia externa, cayendo desmayado al suelo. Cuando finalmente volvió en sí, los sacerdotes del templo trajeron grandes cantidades de maha-prasada para Yatiraja y todos sus discípulos. Todos los devotos sintieron gran felicidad al ver aquella capilla sagrada, y permanecieron en el templo durante tres días.

Entonces, Govinda, el primo de Ramanuja, quien era discípulo de Sailapurna, vino para unirse al grupo. Los dos devotos estaban muy complacidos de verse de nuevo, y se abrazaron con gran felicidad. A pedido de Sailapurna, Ramanujacarya permaneció en Sri Saila hasta el año siguiente, y cada día el anciano acarya recitaba para él el Ramayana, explicando los versos con toda su inspiración. Al final del año, su estudio del Ramayana había finalizado, y Ramanuja se consideró muy afortunado de haber podido escuchar esta Escritura de labios de un devoto tan erudito.

El inusual comportamiento de Govinda

Mientras permanecía en el asrama de Sailapurna, en varias ocasiones Yatiraja se vio sorprendido por el comportamiento de su primo. Un día vio a Govinda preparando la cama de su guru, pero estaba perplejo al ver que su primo se acostaba en aquella misma cama. Ramanuja estaba perturbado al ver un comportamiento tan irrespetuoso, y fué en seguida a informar de ello a Sailapurna, que inmediatamente llamó a su discípulo.

“¿Tú sabes lo que le pasa al que se cree apto para acostarse en la cama de su guru?” le preguntó.

“Alguien que se acuesta en la cama de su guru está ciertamente destinado al infierno”, respondió Govinda tranquilamente.

“Si eres consciente de las consecuencias, ¿por qué entonces actúas de esa forma?”, preguntó entonces Sailapurna.

A esto Govinda respondió: “Cada día me acuesto en su cama para asegurarme de que es cómoda y de que así su descanso no será perturbado. Si esto garantiza su comodidad, entonces yo estoy dispuesto a permanecer en el infierno eternamente”. Cuando Yatiraja supo cuál era la humilde sumisión de su primo, se sintió avergonzado de su ignorancia al juzgar erróneamente a Govinda y le pidió perdón.

En otra ocasión, Ramanuja encontró a su primo comportándose de una forma completamente desconcertante. Vio a Govinda cogiendo una serpiente con su mano izquierda e introduciendo repetidamente el dedo de su mano derecha en la boca de la criatura, que casi se murió de dolor. Después de bañarse, Govinda fue donde estaba Ramanuja, quién le preguntó: “¿Por qué estabas comportándote de una forma tan extraña con esa serpiente? Eso es una gran locura, y es sólo por buena suerte que no te mordió. Actuando como un niño cruel, no sólo te has puesto en un gran peligro, sino que además has causado un sufrimiento innecesario a la pobre criatura, que ahora yace ahí casi muerta”.

“Pero mi querido hermano”, contestó Govinda, “mientras esa serpiente comía se le clavó una espina en la garganta, y cuando la encontré se estaba muriendo de dolor. Le introduje el dedo en la boca sólo para quitarle aquella espina. Ahora parece sin vida debido al agotamiento, pero muy pronto se recuperará totalmente”. Yatiraja estaba tan sorprendido como complacido al ver la compasión de Govinda hacia todas las entidades vivientes. Después de este incidente el amor que sentía por su primo se volvió incluso más profundo.

Regreso a Kañci
Después de pasar así un año en Sri Saila, escuchando el Ramayana de labios del Acarya Sailapurna, Ramanuja decidió volver a Sri Rañgam. Cuando fue ante Sailapurna para ofrecerle sus respetos ante de irse, el anciano discípulo de Yamunacarya le dijo: “Hijo mío, ha sido un gran placer para mí tenerte conmigo aquí todo este último año. Ahora, si hay algo que desees de mí, simplemente pídelo, y si está dentro de mis posibilidades, te lo daré”.

A esto, Ramanuja respondió: “Oh Mahatma, por favor dame a tu discípulo Govinda. Esa es mi única petición”.

Sailapurna aceptó inmediatamente, y así Ramanuja partió en dirección a Sri Rañgam en compañía de su amado primo. Después de viajar durante varios días, llegaron a la ciudad de Kañcipuram, donde Ramanuja y Govinda habían crecido juntos.

La relación de Sailapurna con Govinda
En primer lugar fueron a ver al Señor Varadaraja, y después, visitaron a Kañcipurna, el gran devoto y viejo amigo de Ramanuja. Después de describirle la extraordinaria devoción de Govinda por su guru, Ramanuja le pidió a Kañcipurna: “Por favor bendice a mi primo y haz que tenga incluso más devoción por su guru y que se vuelva aún más misericordioso con todas las entidades vivientes”.

Al oír esto, Kañcipurna sonrió y dijo: “El Señor siempre satisface tus deseos. Nada malo puede ocurrirle a alguien que tiene tus bendiciones”. Pero al observar la expresión desconsolada del rostro de Govinda, añadió: “Tu primo está sufriendo mucho debido a los sentimientos de separación de su amado guru. ¿Por qué no le envías de regreso a Sri Saila para que pueda continuar su servicio a su guru, lo cual es el placer de su vida?”.

Ramanuja consideró por algún tiempo las palabras de Kañcipürna. Entonces fue a ver a Govinda, y le ordenó que partiese inmediatamente y regresase al refugio de su maestro espiritual. Govinda estaba muy complacido al recibir esta instrucción, y viajó rápidamente de regreso a Sri Saila, tomando la ruta más corta que pudo encontrar.

Sin embargo, cuando Sailapurna escuchó que Govinda había vuelto, ni siquiera le miró, ni le llamó a tomar prasada. Finalmente, la esposa del acarya, una mujer de corazón tierno, le dijo a su esposo: “Puede que no le hables a Govinda, pero al menos debes darle de comer”.

“No es mi deber alimentar a un caballo que ya ha sido vendido”, replicó Sailapurna. “El sólo debe refugiarse en su nuevo propietario”.

Al escuchar estas palabras, Govinda, que permanecía en la puerta, comprendió la mente de su guru y en seguida partió para reunirse con su primo. Al llegar a Kañcipuram, fue ante su primo y se postró ante sus pies, diciendo: “Desde hoy, nunca debes volver a dirigirte a mi como 'hermano', pues he escuchado de los labios de Sailapurna que ahora eres mi maestro”.

Regreso a Sri Rañgam
Al ver que Govinda estaba fatigado debido a sus viajes, Yatiraja hizo que se bañase y tomase prasada. Desde entonces, Govinda le prestó servicio a su primo tan meticulosamente como había hecho con Sailapurna. El grupo de vaisnavas permaneció tres noches más en Kañclpuram, y después viajaron hacia Asta-sahasra. Allí pasaron la noche con Yajñesa, el rico discípulo de Yatirája, que previamente había sido decepcionado. Al día siguiente continuaron hacia Sri Rañgam, y fueron calurosamente recibidos por todos los habitantes de la ciudad.

El servicio de Govinda

Comprendiendo ahora que las intenciones de su guru eran que quedase completamente bajo el cuidado de Ramanuja, Govinda servía felizmente a su primo con todo su corazón. En pocos días ya había descubierto cuáles eran todas las necesidades de su nuevo maestro, y le prestaba servicio de una forma tan perfecta que todos los demás discípulos estaban asombrados. Un día mientras hablaban con Govinda, algunos de ellos elogiaron la calidad de su servicio. Al escuchar esto, Govinda les sorprendió diciendo, “Sí, mis buenas cualidades son ciertamente dignas de alabanza”.

Perplejos al oír aquellas palabras tan orgullosas de boca de un vaisnava, informaron de aquel incidente a Yatiraja, quien llamó a Govinda, diciéndole: “Aunque es cierto que todas las buenas cualidades de un devoto se manifiestan en tu persona, no debes permitir que esto te vuelva arrogante o presumido”.

A esto, Govinda respondió: “Después de muchos miles de nacimientos obtuve esta forma humana de vida, pero a pesar de ello me estaba desviando, cayéndome del verdadero camino de la perfección. Fue sólo por tu misericordia que me salvé de la oscuridad de la ilusión. Por lo tanto, todas las buenas cualidades que otros puedan ver en mí son debidas sólo a ti, pues yo por naturaleza soy caído y tonto. Así pues, cuando quiera que alguien me ofrece palabras de elogio, está en realidad elogiándote a ti. Por esta razón, yo apruebo totalmente esas declaraciones”.

En otra ocasión, cuando varios de los discípulos de Yatiraja caminaban hacia el asrama, se asombraron al ver a Govinda, quien aún no había concluido sus tareas matutinas, sentado a la puerta de la casa de una prostituta. De nuevo, Yatiraja llamó a su primo, y le preguntó por qué se comportaba de una forma tan extraña. “¿Por qué te sientas a la puerta de la casa de una prostituta, en lugar de cumplir con tus deberes matutinos?”, le preguntó. “Aquella mujer estaba cantando los pasatiempos del Ramayana con una voz tan dulce”, contestó, “Y yo estaba tan cautivado escuchando los pasatiempos de Sri Rámacandra, que no pude abandonar aquel lugar. Por eso he negligido mis deberes matutinos”. Al oír esto, todos estaban llenos de admiración, al comprender la simplicidad de Govinda y su natural devoción.

Govinda toma sannyasa
Pocos días más tarde, la madre de Govinda, Diptimati, fue a ver a Ramanujacarya. “Mi niño”, dijo, “la esposa de Govinda ya ha crecido, y es apta para tener hijos. Por favor pídele a Govinda que ejecute su deber perpetuando nuestra familia, pues a mí nunca me escuchará. Cuando le expuse el asunto previamente me dijo: 'Puedes traer a mi esposa cuando haya concluido mi servicio a Yatiraja y tenga algo de tiempo libre”. Pero hasta ahora, nunca ha tenido ni un momento libre, pues siempre está absorto en tu servicio”.

Ramanuja entonces llamó a Govinda y le dijo que, como hombre casado, su deber era engendrar hijos para que fuesen entrenados como devotos puros. “Purifica tu mente de las modalidades más bajas de la naturaleza”, le dijo, “y después puedes vivir con tu esposa y crear una familia”. Govinda, como siempre, aceptó las órdenes de su primo y se fue para cumplir sus instrucciones.

Sin embargo, pocos días más tarde, la tía de Ramanuja volvió de nuevo, quejándose de que Govinda aún no había adoptado la vida de grhastha. Al ser llamado ante Yatiraja, Govinda explicó la situación. “Oh maestro, me ordenaste purificar mi mente de las modalidades más bajas de la naturaleza, y después vivir con mi esposa y engendrar hijos. Sin embargo, resulta que cuando mi devoción por el Señor es completamente pura, no puedo pensar en la vida de familia o en engendrar hijos. Así pues, ahora es muy difícil para mí seguir tus instrucciones”.

Al escuchar estas palabras de Govinda, Ramanujacarya permaneció en silencio por algún tiempo. Después dijo: “Govinda, ahora que comprendo tu estado mental, he decidido que tu deber es tomar sannyasa inmediatamente, pues cada persona debe adoptar las regulaciones de vida que sean más apropiadas para ella. Esta es la disposición de las Escrituras. Puesto que has alcanzado pleno control sobre tus sentidos, eres apto para ser un sannyasi. Govinda estaba muy complacido al escuchar las palabras de su primo, y se postró a sus pies.

Con el permiso de Diptimati, Yatiraja comenzó inmediatamente a hacer los preparativos para la ceremonia. Ante el fuego sagrado, Govinda recibió la danda y el kamandalu, convirtiéndose así en un sannyasi vaisnava. Con su aspecto efulgente y lágrimas de éxtasis en sus ojos, la pureza de sus rasgos atraía las mentes de todos aquellos que estaban presentes en la ceremonia.

Con gran afecto, Yatiraja le dio a su primo el nombre de Manonatha, que significa “el controlador de la mente”, un nombre con el cual sus propios discípulos se dirigían a él. Considerándose indigno de ostentar el mismo nombre que su preceptor, Govinda rehusó aceptar este apelativo. Así pues, Ramanuja lo tradujo al equivalente tamil, “Emperumanan”, o abreviadamente, “Embar”. Más tarde, cuando Ramanuja fundó un Sarama en Jagannatha Puri, lo llamó “Embar Math” en honor de su primo.

Viaje a Kasmir
Mientras Ramanujacarya estaba instruyendo a sus discípulos en Sri Rangam, recordaba a menudo la promesa que había hecho ante el cuerpo de Yamunacarya de que presentaría un auténtico comentario vaisnava sobre los Vedanta-sutras que anulase las falsas interpretaciones mayavadas.

Un día, recordando su voto, dijo ante todos sus discípulos: “Yo hice ante Yamunacarya la promesa de que escribiría el comentario Sri-bhasya, pero hasta ahora no he hecho nada para cumplir mi voto. Antes de comenzar esta tarea, es esencial que estudie el Brahma-sutra-vrtti, escrito por el sabio Bodhayana, pero ese libro es tan raro que no he podido encontrar ni una sola copia en esta parte del país. Sin embargo, he oído que una copia de este trabajo es preservada con gran cuidado en Sarada-pitha, en Kasmir. Por lo tanto, me he propuesto ir hasta allí, llevando conmigo sólo a Kuresa, para hacer un estudio de las enseñanzas de Bodhayana y después presentar una explicación fidedigna de los Vedanta-sutras.

Así pues, pocos días más tarde, Ramanuja y Kuresa partieron hacia el norte de la India. Después de viajar durante tres meses, llegaron a Sarada-pitha, en Kasmir. Allí, Yatiraja mantuvo extensas discusiones filosóficas con los panditas locales, quienes estaban asombrados ante su conocimiento de las Escrituras y su profunda sabiduría. Así pues, le trataron como un invitado honorable.

Sin embargo, cuando les preguntó sobre el Brahma-sutra-vrtti, se mostraron reacios a permitirle ver el libro. Siendo impersonalistas, se dieron cuenta de que si Yatirája fuese capaz de absorber las conclusiones filosóficas de Bodhayana, con su poderosa presentación vaisnava sería capaz de destruir completamente sus falsas doctrinas mayavadas. Considerando esto, le dijeron: “Es cierto que ese libro que has mencionado ha estado aquí hasta hace poco, pero desgraciadamente fue comido por los gusanos, y quedó completamente destruido”.

La maravillosa habilidad de Kuresa
Ramanujacarya estaba consternado al escuchar esto, pensando que todo su esfuerzo al viajar tan lejos había sido inútil. Sin embargo, esa misma noche, mientras descansaba, la diosa Sáradá (Durga) apareció ante él con el libro, diciendo: “Hijo mío, toma este libro y regresa inmediatamente a tu país”. Inmediatamente, tras ocultar el libro entre sus pertenencias, Ramanuja y Kuresa abandonaron a los panditas de Sarada-pitha y se fueron de aquel lugar.

Unos días más tarde, los eruditos estaban ordenando los libros en su biblioteca, viendo si alguno debía ser restaurado. Cuando descubrieron que faltaba el Brahma-sutra-vrtti, en seguida se dieron cuenta de que los vaisnavas del sur de la India debían ser los responsables de aquella desaparición, y enviaron a un grupo de hombres en su persecución para recobrar el libro. Después de viajar día y noche durante casi un mes, finalmente alcanzaron a Ramanuja y Kuresa y les preguntaron por el Brahma-sutra-vrtti, sabiendo que estaba en su posesión. Sin más que decir, cogieron el libro y volvieron con él a su casa en Kasmir.

Yatiraja estaba muy afligido por aquella pérdida, pensando en cómo le sería posible ahora escribir el Sri-bhasya. Kuresa, por su parte, no parecía perturbado ni lo más mínimo, y alegremente dijo: “Oh maestro, no es necesario que lamente lo que ha ocurrido. Cada noche de nuestro viaje, mientras usted dormía, yo estudiaba ese Vrtti, y ahora lo conozco todo de memoria. Si permanecemos aquí unos días más seré capaz de escribirlo todo de nuevo”.

Ramanuja estaba sorprendido al conocer los prodigiosos poderes de la memoria de su discípulo, y estaba muy complacido de saber que podría obtener una copia del libro que había estado buscando tan ansiosamente. Abrazando a Kuresa, le dijo: “Desde hoy en adelante, estoy eternamente endeudado contigo”.

Escribiendo el Sri-bhasya
Cuando Kuresa concluyó la transcripción del libro, continuaron su camino y llegaron a Sri Rañgam sin ningún incidente. De vuelta en el Sarama, Ramanuja reunió a todos sus discípulos y les contó todo lo que había sucedido en su viaje con Kuresa.

Finalmente dijo: “Oh devotos, por la fuerza de la devoción y el increíble poder de la memoria de Kuresa, el Brahma-sutra-vrtti ha sido conseguido. Ahora seré capaz de refutar las absurdas ideas de las personas que consideran que una simple comprensión intelectual de las declaraciones védicas tac tvam asi y aharm brahmasmi pueden llevarlo a uno a la perfección completa. Al afirmar falsamente que las almas individuales son Dios, esos eruditos han llevado a las masas de la gente lejos del objetivo real de la vida, que es la devoción por el Señor Visnu.

“Por lo tanto, ahora voy a comenzar a escribir el Sri-bhasya, el cual revelará el verdadero veredicto de los Vedas de que sólo a través de la devoción amorosa por el Señor Narayana puede uno alcanzar la perfección de la vida. Ahora, por favor, orad todos al Señor para que esto pueda hacerse sin impedimento alguno. Kuresa, tú debes actuar como mi secretario, pero si escuchas algún argumento que no te parece razonable, debes dejar de escribir y sentarte calmadamente. Entonces consideraré mis declaraciones y las rectificaré en el caso de que encuentre algún error”.

Al día siguiente, Yatiraja comenzó a dictar el Sri-bhasya mientras Kuresa escribía todo lo que decía. Solamente una vez Kuresa dejó su trabajo y rehusó escribir una de las declaraciones de su guru. Esto ocurrió cuando Ramanuja describía que la esencia natural del alma era jñata y nitya, es decir, conocimiento completo y eterno. Al ver el comportamiento de su discípulo, al principio Yatiraja se molestó y le dijo: “¿Por qué no escribes tú el comentario?”.

Pero cuando pensó profundamente sobre lo que había dicho, se dio cuenta de que la afirmación de que el alma es eterna y llena de conocimiento puede indicar que es independiente. Consideró que la afirmación del Bhagavad-gita, mamaivamso jiva-loke jiva-bhutah sanatanah, revela claramente que el alma, para su existencia, es siempre dependiente del Señor Supremo. Por lo tanto, el Señor es eternamente el amo de todas las jivas.

Tras llegar a esta conclusión, Yatiraja rectificó su anterior declaración, diciendo que la naturaleza esencial del alma es visnu-sesatva, es decir, que siempre depende por completo del Señor Visnu, y que existe simplemente para dedicarse a Su servicio. Al escuchar esto, Kuresa continuó escribiendo, y en pocos meses, el comentario Sri-bhasya fue concluido. Este maravilloso libro explica de una forma tan brillante la supremacía del Señor Visnu y refuta tan expertamente las falsas ideas de los mayavadis, que aun hoy en día es venerado por todos los vaisnavas. Ramanuja escribió muchos otros excelentes libros de filosofía vaisnava, presen¬tando así la doctrina visistadvaita-vada, monismo cualificado.

Viaje a través de la India
Tras concluir el Sri-bhasya, Ramanujacarya estaba satisfecho de haber cumplido uno de los tres votos que había hecho para completar el trabajo de Yamunacarya. Ahora decidió que estaba preparado para cumplir la segunda de sus promesas, predicando por toda la India la filosofía vaisnava que había presentado en el Sri-bhasya. Por consiguiente, acompañado por setenta y cuatro de sus principales discípulos y con muchos otros seguidores, partió para expandir las glorias del Señor Narayana y refutar las falsas doctrinas de los impersonalistas. Primero fueron a Kañcipuram, la capital de los Cholas. Tras ofrecer oraciones al Señor Varadaraja, Yatiraja continuó su viaje, dirigiéndose hacia la ciudad de Kumbhakonam. Cuando estaba en el templo de aquella ciudad fue desafiado por alguno de los eruditos locales, que eran seguidores de Sañkaracarya. Sin embargo, citando muchos versos de diferentes Escrituras, nulificó completamente sus argumentos. Todos los panditas de Kumbhakonam se rindieron entonces a Ramanujacarya y se convirtieron en devotos del Señor Narayana.

A continuación, Yatiraja y sus seguidores viajaron a Madurai, que en aquellos días era la capital del reino de Pandya, así como el punto de reunión de todo tipo de eruditos. Ante una gran asamblea de panditas, Ramanuja habló sobre la filosofía de la devoción. Su pre¬sentación fue tan convincente que en seguida todos aceptaron sus enseñanzas, accediendo a convertirse en devotos del Señor Visnu.

Después de permanecer unos días en Madurai, el grupo de vaisnavas viajó hasta la ciudad de Kurañga, y de allí fueron a Kurakapuri. En ambos lugares son adoradas Deidades del Señor Visnu, y todos los devotos sentían gran placer en cantar canciones devocionales en los templos.

Desde allí viajaron por la costa oeste de India hasta la ciudad de Trivandrum, en Kerala, donde pudieron contemplar los maravillosos rasgos del Señor Padmanabha yaciendo en Su lecho de Ananta-Sesa. A continuación, viajaron por la costa oeste hasta Dvaraka, y desde allí, tras pasar por Mathura y Vrndavana, fueron a Salagrama, Saketa, Naimisaranya, Puskara y Badarikasrama.

En aquellos tirthas sagrados, Ramanuja predicó la filosofía de la devoción amorosa al Señor Supremo, y todos los que le escuchaban fueron convencidos para convertirse en devotos. Muchas veces, lógicos, budistas y seguidores impersonalistas de Sañkara fueron ante él presentando sus propios argumentos, pero en cada caso fue capaz de señalar las deficiencias existentes en todas estas diferentes doctrinas, estableciendo así la supremacía de la filosofía vaisnava. Finalmente, llegaron de nuevo a Sarada-pitha, en la provincia de Kasmir, donde Yatiraja y Kuresa habían estado previamente esforzándose por conseguir una copia del Brahma-sutra-vrtti, de Bodhayana.

Los eruditos de aquel lugar fueron ante Ramanujacarya para tratar de derrotarle, pero ninguno de ellos pudo emular sus sólidos argumentos. Al ser superados en el debate, recurrieron entonces al arte de la magia negra, a la cual eran también adeptos. Cantaron diversos mantras, con la intención de matar a su oponente. Sin embargo, debido a la potencia espiritual de Yatiraja, los hechizos fueron incapaces de afectarle, y se volvieron contra aquellos que los habían lanzado. Así pues, todos los panditas de Sarada-pitha cayeron en¬fermos y estuvieron al borde de la muerte.

Cuando el rey de Kasmir supo lo que había sucedido, fue rápidamente hacia Sarada-pitha y cayó a los pies de Ramanuja, pidiéndole que perdonase a aquellos brahmanas pecadores. Yatiraja aceptó su súplica y los curó a todos, tras lo cual se convirtieron en sus discípulos, junto con el rey.

Jagannatha Puri
Tras abandonar Sarada-pitha, Ramanujacarya viajó en dirección al sur, hasta Varanasi, donde permaneció varios meses predicando e inspirando a muchos que se habían vuelto devotos escuchándole. Desde Varanasi viajó a Jagannatha Puri, donde fundó un monasterio llamado Embar Math. Para entonces, su reputación como erudito y devoto era ampliamente conocida por toda la India, y como resultado, ninguno de los panditas de Jagannatha Puri se atrevió a desafiarle. Deseando que los sacerdotes del templo de Jagannatha adoptasen el sistema de adoración pañcaratriki explicado por Narada Muni, Ramanuja apeló al rey de Orissa para que concertase un debate entre ellos.

Temerosos del resultado de una confrontación de aquella índole, todos los sacerdotes oraron al Señor Jagannatha para que los salvase de la inevitable derrota. Aquella misma noche, mientras Yatiraja dormía, fue arrojado por el Señor Jagannatha hasta el santo dhama de Kurma-ksetra, a trescientos kilómetros de distancia.

Cuando despertó, Ramanuja estaba desconcertado al encontrarse en un lugar completamente diferente, y privado de la compañía de todos los discípulos que le habían acompañado. Al principio pensó que el templo cercano estaba dedicado al Señor Siva, por lo que decidió ayunar aquel día, como una penitencia por su incapacidad de adorar al Señor Narayana. Sin embargo, cuando preguntó a algunas personas del lugar, le dijeron que en realidad la Deidad era la de Kurma-deva, una de las encarnaciones del Señor Visnu. Así pues, fue al templo, y se dedicó felizmente a la adoración del Señor.

Regreso a Sri Rañgam
Después de residir en Kurma-ksetra durante varios días, Ramanuja se reunió con sus discípulos, que habían continuado su viaje en dirección al sur. Fue con ellos a Simhacala, y después a Ahovala, donde estableció otra math. En Isaliñgañga, pudieron ver la Deidad del Señor Nrsimhadeva, y ofrecieron oraciones a Sus pies de loto.

De esta forma, viajando en dirección sur, descendiendo hacia la costa este de la India, llegaron finalmente a Tirupati, Sri Saila, donde Yatiraja había estado previamente durante un año, en compañía de su tío Sailapurna. En aquel entonces, tenía lugar allí una gran controversia, pues los seguidores del Señor Siva estaban desafiando a los devotos, proclamando que el Señor Vyeñkatesvara era en realidad una Deidad de Siva. Ramanuja entonces explicó la historia de la montaña de Vyeñkata haciendo referencia a diversas Escrituras, y estableció el hecho de que Sri Vyeñkatesvara es una Deidad del Señor Visnu.

Tras permanecer en Tirupati durante dos semanas, Ramanuja y sus seguidores continuaron su viaje hacia Kañcipuram, donde tuvieron la oportunidad de adorar al Señor Varadaraja. Desde Kañci fueron a través de Madurantaka hasta Vira-narayana-pura, el lugar de nacimiento de Nathamuni, el abuelo y preceptor de Yamunacarya. Desde allí fueron a Sri Rangam y de nuevo tomaron refugio en el Señor Rañganatha.

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