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[ Isvara Periodico ES ] - Srila Ramanujacarya - Capítulo 3
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 Srila Ramanujacarya - Capítulo 3
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caitanya
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Enviado - 01/06/2009 :  13:41:42  Mostrar perfil  Visitar la web de caitanya  Click para ver la dirección MSN de caitanya  Responder con Cita
Historias de grandes santos - “Oh Ramanuja, cegado por el orgullo, no pude ver tus verdaderas cualidades. Por favor, perdona todas mis ofensas, y sé mi guía para liberarme de las miserias de este mundo material. Yo me refugio únicamente en ti”.

Capítulo Tres


Sannyasa
Seis meses antes de la desaparición de Yamuna, la madre de Ramanuja, Kantimati, había dejado este mundo. Ahora, Raksakambal, la esposa de Ramanuja, era la señora de la casa. Era tan bella como una apsara, devota de su marido y muy estricta en su limpieza y en la observancia de los rituales. Desafortunadamente, había sido incapaz de embeber el amor puro que su marido sentía por Dios, y estaba más apegada a los aspectos externos de los rituales religiosos. Aunque trataba de ocultar sus sentimientos más profundos, en realidad se sentía infeliz al ver que su esposo se estaba absorbiendo más y más en sentimientos devocionales después de su regreso de Sri Rañgam.

Ramanuja pasaba ahora una gran parte de su tiempo en compañía de Kancipurna. Generalmente, su estado de ánimo era serio, y su corazón todavía se sentía infeliz debido a los sentimientos de separación que sentía por Yamuna. Comprendiendo su mente, un día Kancipurna le dijo, “no debes estar dolorido. Simplemente permanece fijo en tu devoción por el Señor Varadaraja, y continúa sirviéndole en todas las formas posibles. Ahora Alabandaru ha regresado a la morada del Señor Narayana, y es tu deber cumplir las promesas que hiciste ante él”.

Cuando Ramanuja oyó estas instrucciones, se inclinó ante Kancipurna y le dijo, “por favor, permítame ser su discípulo. Por favor, permítame tomar refugio en sus pies de loto”.

Inmediatamente, Kancipurna levantó a Ramanuja, diciendo, “tú eres un brahmana y yo soy un sudra, ¿Cómo puedo iniciarte y recibir reverencias de alguien que es mi maestro? Simplemente ten fe en el Señor, y Él tarde o temprano enviará a alguien que sea apropiado para ser tu guru”.

Después de decir esto, Kancipurna se fue para adorar al Señor Varadaraja. Ramanuja pensó, “él está rehusando aceptarme porque sabe que mi corazón está desprovisto de todo sentimiento devocional. ¿Cómo puede el nacimiento o la casta afectar a una persona que es asociado íntimo del Señor Varadaraja? Simplemente por su misericordiosa mirada, Kancipurna puede elevar a un comeperros hasta el nivel de un brahmana. Por lo tanto, si puedo probar los remanentes de su comida sólo una vez, entonces obtendré un beneficio inconmensurable”.

La locura de Raksakambal
Un poco más tarde, ese mismo día, Ramanuja fue a persuadir a Kancipurna de que almorzase en su casa al día siguiente. Finalmente, Kancipurna accedió, diciendo, “mañana me veré libre de las modalidades de la naturaleza material, comiendo en la casa de un devoto puro”.

A la mañana siguiente, Ramanuja instruyó a su esposa Raksakambal que debía cocinar las mejores preparaciones en honor de su excelso invitado, Srila Kancipurna. Ella comenzó a cocinar inmediatamente, y antes del mediodía ya había preparado muchos diferentes tipos de comida.

Al ver esto, Ramanuja quedó muy complacido, y fue a buscar a Kancipurna a su asrama para traerle a tomar prasada.

Kancipurna pudo entender las intenciones de Ramanuja, así que se dirigió a la casa de su amigo tomando otro camino. Cuando llegó, le dijo a Raksakambal: “Madre, hoy tengo que ir al templo muy rápidamente. Por favor, sírvame lo que esté disponible inmediatamente, pues sólo puedo permanecer aquí unos pocos minutos”.

“Mi esposo ha ido a buscarlo a usted a su casa para traerlo aquí”, respondió Raksakambal. “Si espera un poco, regresará enseguida”.

“Me temo que no podré esperar aquí ni un momento”, dijo Kancipurna. “¿Cómo puedo negligir mi servicio al Señor Varadaraja simplemente para llenar mi estómago?”.

Así pues, Raksakambal preparó un lugar para Kancipurna y le sirvió todas las preparaciones que había cocinado. Tan pronto como terminó de comer, Kancipurna se levantó y limpió el lugar donde había comido usando una mezcla con estiércol de vaca. Ofreció sus reverencias a Raksakambal y rápidamente abandonó la casa, llevándose su plato para arrojarlo en un lugar distante. Raksakambal dio los remanentes de su prasada a una sudrani y, después de tomar un baño, comenzó a cocinar de nuevo para su marido.

Entretanto, Ramanuja regresó a la casa, y se sorprendió al ver que su esposa aun estaba cocinando. “¿No ha venido Kancipurna?”, preguntó. “¿Por qué estás cocinando de nuevo? ¿Qué sucedió con todo el prasada que habías preparado esta mañana?”.

“Mahatma Kancipurna estuvo aquí”, replicó Raksakambal, “pero dijo que no podía esperarte, pues tenía que hacer un servicio en el templo. Por lo tanto, le he servido la comida y he dado las sobras a una sudrani. ¿Cómo iba a servirte los remanentes de la comida de un sudra?”.

Ramanuja se perturbó mucho al oír hablar así a su esposa. “¡Estúpida mujer! ¡¿Cómo puedes pensar que Kancipurna no es más que un sudra?! Por tu culpa, ahora no puedo tomar el prasada de un devoto puro. Esta es mi gran desgracia”. Tras decir esto se sentó disgustado, con la cabeza entre las manos.

La visita de Kancipurna a Tirupati
Mientras tanto, Kancipurna estaba orando al Señor Varadaraja mientras le abanicaba, “mi Señor, ¿qué tratas de hacer conmigo? Mi único deseo es pasar mi vida pacíficamente ocupado en Tu servicio y en el servicio de Tus devotos, pero ahora está tratando de convertirme en un acarya famoso. Incluso Tu devoto puro Ramanuja, se postra ante mí. No quiero convertirme en un objeto de adoración, así que por favor dame Tu permiso para abandonar Kañci e ir a Tirupati, donde puedo adorarte en la forma de Balaji”.

El Señor Varadaraja le dio permiso, y así Kancipurna se fue a Tirupati. Allí permaneció durante seis meses, plenamente absorto en el servicio de Sri Balaji, la forma del Señor Visnu que reside en el templo que hay allí. Entonces, una noche, el Señor Varadaraja se le apareció en un sueño y le dijo: “Estoy padeciendo a causa del severo calor, aquí en Kancipuram. ¿Por qué no vienes y sigues abanicándome?”.

El Señor Varadaraja instruye a Ramanuja
Al día siguiente, Kancipurna se preparó para regresar a Kañci. Cuando Ramanuja recibió noticias de su regreso, fue a visitar a su amigo. Ambos devotos sintieron gran placer al reunirse de nuevo tras estar tanto tiempo separados. Después de hablar durante varias horas, Ramanuja reveló plenamente su mente a Kancipurna. “Desde que abandoné la escuela de Yadavaprakasa”, dijo, “he continuado estudiando solo las Escrituras. Pero hay ciertos puntos que no puedo comprender, y esto constituye una gran perturbación para mi mente. Por favor, pídale al Señor que me ilumine, pues sé que el Señor Varadaraja nunca rechazará una petición que venga de sus labios”. Kancipurna accedió al pedido de Ramanuja.

Al día siguiente, cuando el joven brahmana le visitó, Kancipurna se dirigió a él muy confidencialmente: “Anoche el Señor Varadaraja se dirigió a mí y me dijo que debo revelarte las siguientes seis verdades. Estos son los cuatro versos que el Señor me habló:

cita:
aham eva param brahma jagat-karana-karanam ksetrajñesvaror bhedah siddha eva mahamate

moksopayo nyasa eva jananam muktim icchatam
mad-bhaktanam jananam ca nantim asmnir isyate

dehavasane bhaktanam dadami paramarh padam purnacaryam mahatmanam samasraya gunasrayam

id ramanujarya mayoktam vada satvaram


Ante todo, Yo soy el Brahman Supremo, la causa de la naturaleza material, de la cual procede este universo.

Segundo, la existencia separada de las almas (jivas) y el Señor Supremo es una verdad eterna.

Tercero, entregarse a los pies de loto del Señor Supremo es el único camino verdadero para aquellos que desean la liberación.

Cuarto, los devotos alcanzarán la liberación incluso si casualmente no pueden recordarme en el momento de la muerte.

Quinto, tan pronto como Mis devotos abandonan sus cuerpos actuales, Yo los traigo a Mi morada suprema.

Sexto, debes tomar refugio inmediatamente en Mahatma Mahapurna, la reserva de todas las buenas cualidades. Estas son Mis instrucciones para Ramanuja.


Cuando Ramanuja escuchó estas palabras, comenzó a danzar en éxtasis. El no le había revelado estas seis dudas ni siquiera a Kancipurna, pero ahora, el Señor había dado las respuestas para todas ellas. Tras ofrecer reverencias a Sri Varadaraja y a Kancipurna, regresó a su casa y se preparó para ir a Sri Rañgam. Allí esperaba encontrar a Mahapurna, uno de los discípulos de Yamuna, y tomar iniciación de él.

Mahapurna es enviado de nuevo a Kañci
Tras la desaparición de Sri Yamunacarya, ninguno de sus discípulos era capaz de hablar de las Escrituras tan maravillosamente como él lo había hecho. Tiruvaranga se encargaba ahora del asrama, pero no tenía la habilidad de su maestro para exponer el significado de las Escrituras. Todos admiraban sus cualidades devocionales, considerando el hecho de que pasaba la mayor parte de su tiempo adorando al Señor, pero aun así, la atmósfera del asrama no era la misma que antes.

En aquel tiempo, los devotos casados y solteros solían vivir juntos en el asrama, mientras que las esposas vivían en residencias separadas fuera, en la ciudad. Pasaban la mayor parte de su tiempo adorando a la Deidad y cantando bhajans para glorificar al Señor.

Así pasó un año, sin ningún incidente. En el aniversario de la desaparición de Alabandaru, todos sus discípulos se reunieron, y Tiruvaranga se dirigió a la asamblea: “Hace ahora un año que nuestro guru-maharaja, Sri Yamuna, nos dejó para regresar a la morada del Señor Narayana. Mientras estuvo con nosotros tuvimos la buena fortuna de que cada día podíamos escuchar sus nectáreas palabras. Sin embargo, puesto que tras su desaparición nadie ha sido capaz de describir las glorias del Señor de una forma tan exquisita ni de exponer todos los puntos sutiles de las Escrituras tal como él era capaz de hacerlo. Aunque él dio la instrucción de que yo debía tomar su posición en el asrama, debo admitir que soy incapaz de ejecutar apropiadamente este deber”.

“Todos pueden recordar cómo, justamente antes de su partida, nuestro maestro deseó ver a Sri Ramanuja de Kañcipuram, y envió a Mahapurna a buscarle. Sólo esa gran alma, el íntimo amigo de Kancipurna, habiendo sido escogido personalmente por Alabandaru, es competente para aceptar la responsabilidad como acrya de este asrama. Por lo tanto, pro¬pongo que uno de nosotros vaya a Kañcipuram y, después de iniciarle, le traiga aquí, a Sri Rañgam. Él difundirá las enseñanzas de Yamuna por toda la India, tal como prometió ante el cuerpo de nuestro preceptor”.

Todos los devotos de la asamblea aceptaron unánimemente la propuesta de Tiruvaranga, y Mahapurna fue escogido para ir a Kañcipuram con el fin de iniciar a Ramanuja y traerlo a Sri Rañgam.

Mahapurna recibió la siguiente recomendación: “Si por el momento es reacio a abandonar la asociación de Kancipurna, no le presiones. Permanece en Káñcl durante un año, instruyéndole en todos los bhakti-sastras. No es necesario que sepa que tu propósito es traerle a árí Rañgam”.

La iniciación de Ramanuja
Habiendo recibido estas instrucciones, Mahapurna, acompañado de su esposa, partió hacia Kañcipuram. Después de cuatro días, llegaron a la ciudad de Madurantakam, donde hay un templo de Visnu que tiene un lago frente a su fachada. Mientras Mahapurna descansaba junto a su esposa a las orillas de ese lago, Ramanuja apareció inesperadamente, y le ofreció reverencias a sus pies. Mahapurna estaba tan sorprendido como complacido ante este imprevisto giro de los acontecimientos, e inmediatamente se levantó para abrazar a Ramanuja.

“Ciertamente, esto es una sorpresa”, dijo. “Por la gracia del Señor Narayana. ¿Qué motivo te ha traído hasta aquí?”.

“Sin duda, este es el plan del Señor Narayana”, replicó Ramanuja. “Dejé Kañcipuram sólo con el propósito de encontrarme con usted. Sri Varadaraja me instruyó personalmente que lo aceptase como mi guru. Por favor, concédame su misericordia y déme iniciación”.

Mahapurna accedió a su petición, diciendo, “vamos a Kañcipuram, para que la ceremonia tenga lugar ante el Señor Varadaraja”.

Sin embargo, Ramanuja fue insistente.”Usted sabe que la muerte no discrimina entre el momento adecuado y el que no lo es”, dijo. “¿No recuerda con qué expectación fui con usted para encontrarme con Srila Yamuna? La providencia me engañó entonces, así pues, ¿por qué ahora habría de confiar en ella, concediendo aplazamiento alguno? Por favor, déme refugio ahora mismo a sus pies de loto”.

Mahapurna estaba complacido con las palabras de Ramanuja, y allí mismo, en las orillas del lago, a la sombra de un floreciente árbol bakula, encendió un fuego de sacrificio. En el fuego puso dos discos de metal, uno con el signo del cakra de Sri Visnu, y otro con Su caracola. Cuando ambos discos estuvieron calientes, Mahapurna los presionó contra los brazos de Ramanuja, marcándolos así con los signos del Señor Visnu. Finalmente, meditando en los pies de loto de Yamuna, Mahapurna susurró el vaisnava-mantra en el oído de Ramanuja. Habiendo completado así la iniciación, Ramanuja regresó a Kañcipuram, acompañado por su guru y por la esposa de éste.

Cuando llegaron, fueron recibidos por Kancipurna, que encontró gran placer en el hecho de asociarse con Mahapurna. A pedido de Ramanuja, Mahapurna inició también a Raksakambal. La mitad de la casa fue cedida para el uso de Mahapurna y su esposa, y cada día Ramanuja estudiaba las Escrituras vaisnavas en su asociación.

El orgullo de Raksakambal
Así pasaron rápidamente seis meses, mientras Ramanuja sentía gran satisfacción al escuchar de labios de Mahapurna las verdades de la filosofía vaisnava. Un día, mientras Ramanuja y Mahapurna estaban fuera del hogar, Raksakambal fue a buscar agua al pozo. Resultó que la esposa de Mahapurna había ido a recoger agua al mismo tiempo, y mientras lo hacía, algunas gotas de su cántaro cayeron en el de Raksakambal, que inmediatamente se llenó de ira. “¡¿Estás ciega?!” gritó. “¡Mira lo que has hecho! por tu descuido, se ha desperdiciado todo un cántaro de agua. ¿Piensas que puedes sentarte en mis hombros sólo porque eres la esposa de mi guru? Recuerda que la familia de mi padre es de un linaje superior al tuyo, así que ¿cómo voy a usar agua que ha sido tocada por ti? Pero ¿por qué habría de recriminarte? Es debido al hecho de que he caído en manos de ese esposo mío, que toda mi casta y mi posición se han perdido”.

Al escuchar esas ásperas palabras, la esposa de Mahapurna, quien por naturaleza era tranquila y modesta, pidió perdón a Raksakambal. Sin embargo, disturbada por la ira de la mujer, dejó a un lado su cántaro y comenzó a sollozar silenciosamente.

Cuando Mahapurna regresó y encontró a su esposa en esa condición afligida, le preguntó cuál era la causa de su infelicidad. Cuando supo todo lo que había ocurrido en el pozo, comenzó a pensar. Finalmente dijo, “el Señor Narayana ya no desea que permanezcamos aquí, y por esta razón te ha llevado a oír esas desagradables palabras de boca de Raksakambal. No te preocupes, pues cualquier cosa que el Señor dispone es para nuestro bien. Puesto que hace largo tiempo que no hemos adorado los pies de loto del Señor Rañganatha, Él ahora desea que regresemos con Él”.

La partida de Mahapurna
Sin esperar a Ramanuja, Mahapurna y su esposa reunieron sus pocas posesiones y partieron hacia Sri Rañgam. Mientras Mahapurna estuvo en Kañcipuram, Ramanuja había sido muy feliz, contemplando a su guru como el representante del Señor Narayana. Durante aquellos seis meses que pasaron juntos, Ramanuja había estudiado casi cuatro mil versos compuestos por los grandes vaisnavas del sur de la India. Aquella mañana había ido a comprar flores, frutas, y ropas nuevas para hacer una ofrenda a su guru, pero al regresar a su casa, vio que las habitaciones de Mahapurna estaban desiertas.

Después de buscar por toda la casa, le preguntó a su vecino, quien le dijo que Mahapurna y su esposa habían dejado Kañci para regresar a Sri Rañgam. Ansioso de descubrir la causa de la abrupta partida de su guru, Ramanuja fue a hablar con Raksakambal. Ella le dijo, “esta mañana tuve una riña con la esposa de tu guru, cuando fuimos a recoger agua del pozo. Nunca se me habría ocurrido dirigirle ninguna palabra áspera, pero el gran hombre estaba tan furioso que se fue inmediatamente. Yo había escuchado que se supone que un sadhu debe abandonar todo sentimiento de ira, pero seguramente este es algún nuevo tipo de sadhu. Ofrezco millones de reverencias a los pies de tu sadhu”.

Ramanuja apenas podía creer a sus oídos cuando escuchó a su esposa hablar de Mahapurna de una forma tan despreciativa y sarcástica, y no pudo controlar sus sentimientos. “¡Pecaminosa mujer!”, gritó, “¡el sólo ver tu cara constituye un gran pecado!”. Tras decir esto, dejó la casa y se dirigió hacia el templo para ofrecerle al Señor Varadaraja las frutas y flores que había comprado.

El plan de Ramanuja
Poco después, un flaco y hambriento brahmana llegó a la casa de Ramanuja para mendigar algo de comer. Raksakambal aún estaba conmocionada por las palabras de su esposo y cuando el brahmana la disturbó, ella inmediatamente mostró su ira y le gritó con una voz aguda y penetrante, “¡váyase de aquí! ¡lárguese a cualquier otra parte! ¿Quién piensa que le va a dar arroz aquí?”.

Dolido por esas ásperas palabras, el brahmana dio la vuelta y comenzó a caminar lentamente hacia el templo del Señor Varadaraja. En el camino se encontró con Ramanuja, que regresaba al hogar, habiendo finalizado sus ofrendas al Señor. Viendo el aspecto desanimado del brahmana y su cuerpo desnutrido, Ramanuja sintió compasión por él y le dijo, “Oh brahmana, parece que aún no has comido hoy”.

“Fui a tu casa para pedir un poco de prasada, pero tu esposa se enfadó y me echó”, replico el brahmana.

Ramanuja estaba conmocionado al escuchar que un huésped había recibido un trato tan malo en su casa. Se quedó pensativo unos momentos, y dijo, “por favor, regresa a mi casa. Te daré una carta, y quiero que le digas a mi esposa que has sido enviado por su padre para entregármela. Cuando ella escuche esto, sin duda que te dará de comer con gran atención”.

A continuación, Ramanuja escribió la siguiente carta:

Mi querido hijo,
Mi segunda hija va a casarse muy pronto. Por lo tanto, te ruego que envíes a mi casa a Raksakambal, acompañada de este brahmana. Si no tienes ocupaciones urgentes, me sentiría muy feliz si tú también vinieras. Sin embargo, es muy importante que Raksakambal venga tan pronto como sea posible, pues sería muy difícil que tu suegra atendiese ella sola a todos los huéspedes.


Prometiendo que le recompensaría por sus servicios, Ramanuja envió al brahmana a su casa llevando esta carta. Al llegar allí, el brahmana le dijo a Raksakambal, “tu padre me envió”.

Ella estaba muy feliz de escuchar esto, y recibió al brahmana con gran cortesía, ofreciéndole comida y agua para bañarse. Mientras tanto, Ramanuja regresó al hogar.

“Mi padre te ha enviado esta carta”, dijo Raksakambal modestamente, entregándosela.

Ramanuja leyó la carta en voz alta, y dirigiéndose a ella le dijo, “De momento tengo algunos negocios urgentes que atender, de modo que debes ir sola. Si termino pronto, trataré de ir enseguida. Por favor, saluda de mi parte a tu padre y a tu madre”.

Raksakambal aceptó sus palabras y, después de prepararse para el viaje, ofreció reverencias a su marido y se dirigió a la casa de su padre, acompañada por el brahmana.

Sannyasa
Cuando ella se fue, Ramanuja dirigió sus pasos hacia el templo del Señor Varadaraja, orando constantemente al Señor dentro de su mente, “Oh Señor Narayana, por favor permite que este sirviente tuyo tome pleno refugio en Tus pies de loto”. Al llegar al templo, se postró ante la Deidad y oró, “Mi querido Señor, desde este día soy Tuyo en todos los aspectos. Por favor acéptame”.

Después, consiguió ropas de color azafrán y un báculo que había sido tocado por los pies de loto de Sri Varadaraja. Salió del templo, y después de bañarse, encendió un fuego de sacrificio a las orillas del lago. En aquel momento, Kancipurna, inspirado por el Señor Varadaraja, se acercó a él y le dio el nombre de Yatiraja. A continuación, Ramanuja aceptó la tridanda vaisnava, la cual simboliza la entrega de los pensamientos, las palabras y los actos al servicio de la Suprema Personalidad de Dios. Cuando la ceremonia finalizó, Yatiraja, con sus ropas de color azafrán, parecía tan efulgente como el sol naciente.

Ramanuja comienza a impartir sus enseñanzas
Un día, cuando la anciana madre de Yadavaprakasa vino al templo para ver al Señor Varadaraja, vio a Ramanuja instruyendo a sus discípulos fuera del asrama. Cautivada por su gracia y erudición, pensó que si su hijo se convirtiese en discípulo de tal maravillosa personalidad, su vida sería perfecta. Desde que había maltratado a Ramanuja, Yadavaprakasa se había sentido muy perturbado, y su madre sabía esto. Ella consideró que lo mejor para su hijo sería tomar refugio a los pies de este efulgente y joven sannyasi.

Al regresar a su hogar, le pidió a su hijo que se volviese un discípulo de Ramanuja, pero Yadavaprakasa no quería ni oír hablar de entregarse a alguien que previamente había sido su propio estudiante. Aun así, sin embargo, su mente permaneció perturbada. Una vez, se encontró con Kancipurna, y le preguntó, “Señor, me siento muy perturbado, y no puedo encontrar paz. Puesto que tú eres bien conocido como el medio a través del cual da instrucciones el Señor Varadaraja, por favor dime lo que debo hacer”.

“Vuelve a tu casa”, replicó Kancipurna. “Esta noche ofreceré mis oraciones al Señor Varadaraja. Si vuelves mañana, te diré cuáles son Sus instrucciones para ti”.

Al encontrarse al día siguiente, Kancipurna comenzó inmediatamente a describir la grandeza de Ramanuja y los beneficios que uno podría derivar de convertirse en su discípulo. Al escuchar esto, Yadavaprakasa decidió ir a visitar a Ramanuja en el asrama para hablar con él sobre las Escrituras.

Aquella noche, Yadavaprakasa no conseguía conciliar el sueño. Permaneció despierto varias horas, considerando los diferentes puntos una y otra vez. Al final se quedó dormido y tuvo un maravilloso sueño. Una efulgente personalidad apareció ante él y comenzó a impartirle instrucciones. Una y otra vez, le dijo que debía convertirse en discípulo de Yatiraja.

Cuando Yadavaprakasa se despertó, los efectos del sueño permanecían, y quedó perplejo. Sin embargo, nunca había actuado meramente en base a sus emociones, y en su mente permanecían dudas en relación con la filosofía de Ramanuja.

Esa misma tarde fue al asrama y, tan pronto como vio a Yatiraja, quedó impresionado por la pureza y la efulgencia del joven acrya. Ramanuja recibió con cortesía a su profesor de antaño, ofreciéndole un asiento elevado. Tras intercambiar sus saludos, Yadavaprakasa comenzó a expresar sus dudas sobre la filosofía vaisnava que Ramanuja estaba presentando tan expertamente. “Hijo mío”, dijo gentilmente, “estoy muy complacido por tu erudición y tu humilde comportamiento. Puedo ver por las marcas de tilaka y por los emblemas del loto y el cakra sobre tu cuerpo que eres un devoto del Señor Visnu y que únicamente consideras el sendero del bhakti como apropiado. Pero, ¿qué evidencias hay en las Escrituras que sustenten ese punto de vista?”.

A esta pregunta, Yatiraja replicó, “aquí está Kuresa, el más erudito en todas las Escrituras reveladas. Plantee su pregunta ante él”.

Al momento, mientras Yadavaprakasa se volvía a Kuresa, el joven discípulo de Ramanuja comenzó a hablar. Citó numerosos versos de muchas Escrituras diferentes —los Vedas, los Upanisads, los Puranas, etc.— que confirmaban que el servicio devocional amoroso a la Suprema Personalidad de Dios es la perfección de la vida espiritual.

Al escuchar este torrente de evidencias de las Escrituras, Yadavaprakasa enmudeció. Diversos pensamientos pasaron rápidamente por su mente —su previo comportamiento ultrajante, las palabras de su madre y la recomendación que Kancipurna le había dado. Súbitamente se lanzó a los pies de su antiguo discípulo, llorando, “Oh Ramanuja, cegado por el orgullo, no pude ver tus verdaderas cualidades. Por favor, perdona todas mis ofensas, y sé mi guía para liberarme de las miserias de este mundo material. Yo me refugio únicamente en ti”.

Yatiraja levantó entonces a Yadavaprakasa y lo abrazó afectuosamente. Tras recibir las bendiciones de su madre, aquel mismo día Yadavaprakasa aceptó sannyasa de Ramanuja, considerándose muy afortunado. Recibió el nombre de Govinda dasa, y desde aquel día fue como una persona diferente. Abrazó plenamente la filosofía vaisnava y abandonó todo el orgullo de su erudición. Lágrimas de humildad decoraban ahora sus ojos mientras adoraba con devoción al Señor Supremo. Al escuchar acerca de esta extraordinaria transformación, todos alabaron la influencia de Ramanuja, y su fama se expandió por todas partes.

Al ver los sentimientos devocionales del que antaño había sido su guru, Yatiraja se dirigió a él, diciendo, “Ahora tu mente se ha liberado de toda contaminación. Para destruir los pecados del pasado, debes escribir un libro describiendo los deberes de un verdadero vaisnava. Por el hecho de prestar este servicio, alcanzarás la perfección completa”.

Siguiendo estas instrucciones, Yadavaprakasa escribió un maravilloso libro titulado Yati-dharma-samuccaya, que ofreció a los pies de su guru. En aquel tiempo, Yadavaprakasa, ahora conocido como Govinda dasa, tenía más de ochenta años de edad. Poco después de terminar el libro, abandonó este mundo.

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